Sin tocarme hablan.
Infinita energía reconozco,
maravilloso
vibrante y cautivante lenguaje.
A mi piel dardos lanzan,
internándose como agujas
muy dentro
lejos
llevándome
prisionero de la sensación de amor que abraza
que ansioso mi cuerpo recorre
el corazón
electrificándome.
Y ahí se quedan
años
miles,
como un abrigo de estrellas sedientas de mi luz,
hasta que por fin avanzan,
rozándome y vistiéndome de fuego,
vaciando de espacio pasado al tiempo,
llevándose mis labios del mundo
y a mi.