Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vino el instante postrero
-el de la espada afilada
dando su última estocada-
asesino y carroñero.
Vino un tiempo de aguacero
lacrimoso y parricida,
maniatándola dormida
sin calor ni minutero.
Abril partió su cintura,
su risa franca y radiante,
y por quitarle bastante,
le dio la luz más oscura.
Ya no se alza su estatura
femenina ante la brisa
ni el sonido de su risa
nos deshace la amargura.
Vino la noche imperfecta
tomando el sol de su mano;
vino presta y bien temprano,
malvenida y desafecta.
Con su daga predilecta
mortalmente la apuñala,
se la lleva de la sala
cosida a la muerte infecta.
Entre su ropa no estaba
ni en la que estaba tendida,
el milagro de su vida
con el sueño se marchaba.
Solo Miguel... la lloraba,
lloraba, llora... llorando,
sigue Miguel esperando
donde siempre la esperaba.
Zaragoza. Abril 2012.
-el de la espada afilada
dando su última estocada-
asesino y carroñero.
Vino un tiempo de aguacero
lacrimoso y parricida,
maniatándola dormida
sin calor ni minutero.
Abril partió su cintura,
su risa franca y radiante,
y por quitarle bastante,
le dio la luz más oscura.
Ya no se alza su estatura
femenina ante la brisa
ni el sonido de su risa
nos deshace la amargura.
Vino la noche imperfecta
tomando el sol de su mano;
vino presta y bien temprano,
malvenida y desafecta.
Con su daga predilecta
mortalmente la apuñala,
se la lleva de la sala
cosida a la muerte infecta.
Entre su ropa no estaba
ni en la que estaba tendida,
el milagro de su vida
con el sueño se marchaba.
Solo Miguel... la lloraba,
lloraba, llora... llorando,
sigue Miguel esperando
donde siempre la esperaba.
Zaragoza. Abril 2012.