prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se fue la luz, pero te amaré en la sombra,
como insectos condenados a vivir en la cueva,
nos tocamos, y al sentirnos los cuerpos,
sin saber quienes somos, empezamos una lucha a ciegas,
así terminamos en un abrazo.
Aquí hay que herir primero, para poder amar después.
Tan corta y tan frágil es la vida, cuando falta el sol.
Y la lluvia no cae del cielo, sino de un techo de piedra,
y no por el aire, sino por las paredes, como las lagrimas,
apagando segundos a punto de tener llama.
Estamos, mi amor, despiertos y buscando sueños
en la oscuridad,
buscándolos sin buscarnos uno al otro,
por eso nunca los encontramos,
al cambio, hasta nos podemos matar por pensar
que somos enemigos.
como insectos condenados a vivir en la cueva,
nos tocamos, y al sentirnos los cuerpos,
sin saber quienes somos, empezamos una lucha a ciegas,
así terminamos en un abrazo.
Aquí hay que herir primero, para poder amar después.
Tan corta y tan frágil es la vida, cuando falta el sol.
Y la lluvia no cae del cielo, sino de un techo de piedra,
y no por el aire, sino por las paredes, como las lagrimas,
apagando segundos a punto de tener llama.
Estamos, mi amor, despiertos y buscando sueños
en la oscuridad,
buscándolos sin buscarnos uno al otro,
por eso nunca los encontramos,
al cambio, hasta nos podemos matar por pensar
que somos enemigos.
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