Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se me agiganta el espacio
cuando me besas la boca,
caricia que a más invoca
pues nos sirve de prefacio.
Me das tu prisa despacio
prendiendo vida en mi pecho,
otorgándome el derecho
al que jamás fui reacio.
Tengo el anhelo infinito
-certificado y confeso-
que con mi cálido beso,
saciar en ti mi apetito;
dar mi carne a tu delito
para comerme la vida,
ser la sal de tu comida
cuando más lo necesito.
Preso del alma serena
que libre llevas contigo;
preso del dulce castigo
y de tu dulce condena.
Das tu playa a tanta arena
y tu espuma a mi rompiente
Veraz me doy complaciente
al roce de tu melena
Bebo tu cáliz sagrado
-lleno de amor rebosante-
ese que brilla radiante
en el sol de tu costado.
Bebo tu olor anisado
hasta la última gota
haciendo que la derrota
no me imponga su dictado.
Cuando en la aurora temprana
se hace más duro el camino
tomo tu ser femenino
y bendigo la mañana.
Horizonte en la ventana
fulgurante en el espejo
Y fundido en tu reflejo
mi reflejo se engalana.
Eres milagro que el viento
trajo a mi vela marina,
eres la sal que divina
preña mi fe de argumento.
Me nutres el sentimiento
con el pan de la esperanza
que alimenta mi templanza
como el pan del sacramento.
Me entregas tu primavera
y matas mi crudo invierno;
reniegas del dios Infierno
diciendo al Infierno ¡fuera!
Das verdad a mi chistera
con veracidad gozosa,
eres la mejor esposa,
mi querida compañera.
cuando me besas la boca,
caricia que a más invoca
pues nos sirve de prefacio.
Me das tu prisa despacio
prendiendo vida en mi pecho,
otorgándome el derecho
al que jamás fui reacio.
Tengo el anhelo infinito
-certificado y confeso-
que con mi cálido beso,
saciar en ti mi apetito;
dar mi carne a tu delito
para comerme la vida,
ser la sal de tu comida
cuando más lo necesito.
Preso del alma serena
que libre llevas contigo;
preso del dulce castigo
y de tu dulce condena.
Das tu playa a tanta arena
y tu espuma a mi rompiente
Veraz me doy complaciente
al roce de tu melena
Bebo tu cáliz sagrado
-lleno de amor rebosante-
ese que brilla radiante
en el sol de tu costado.
Bebo tu olor anisado
hasta la última gota
haciendo que la derrota
no me imponga su dictado.
Cuando en la aurora temprana
se hace más duro el camino
tomo tu ser femenino
y bendigo la mañana.
Horizonte en la ventana
fulgurante en el espejo
Y fundido en tu reflejo
mi reflejo se engalana.
Eres milagro que el viento
trajo a mi vela marina,
eres la sal que divina
preña mi fe de argumento.
Me nutres el sentimiento
con el pan de la esperanza
que alimenta mi templanza
como el pan del sacramento.
Me entregas tu primavera
y matas mi crudo invierno;
reniegas del dios Infierno
diciendo al Infierno ¡fuera!
Das verdad a mi chistera
con veracidad gozosa,
eres la mejor esposa,
mi querida compañera.
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