Bender Carvajal
Poeta recién llegado
Soy un hombre plantado en el verso
de un mal poema perdido en el tiempo.
Me veo como las horas
que le sobrevivo a la muerte.
Con piedad de pluma sobre los arcos de mi sangre
he dibujado el pudor de las estrellas,
de la noche como un arrollo de planetas vagabundos,
cielo paloma cuna incansable
que en el deleite de las pupilas siniestradas
deja posar la humedad del ancla
sobre cadenas que trepan por el atajo de mi voz.
Llevo un secreto pálido, el blanco y la ausencia
perfumado en el vientre de la risa.
Soy las aguas imposibles del océano,
el azar melancólico de las olas,
saturado de furia como el suicidio
y cobarde como la vida,
el hijo pródigo del continente desierto
donde el faro de tu voz, oh, paloma terrenal,
me desnuda la orfandad
con que he vestido el laberinto de los años.
Soy el agua roca gaviota nube,
la orilla playa pies huida,
el sobreviviente de las palabras en perspectiva,
la tiranía del beso indomable
que ha besado piel boca sudor y alma.
No contaré mi eternidad sin sombra,
la vastedad brumosa de precipicios en el pecho
ni la ropa tendida sobre las arterias
o el ruido de los buques que alejándose te añoran;
no te diré, mi fiel trozo de música y eclipse
del infinito perfecto que he cultivado
pues en cada sazón rota que he heredado
sólo tú, mi otoño de auroras imprecisas,
revuelcas la preñez de un corazón ciego de a colores.
Toma mi mano cansada de traiciones.
Con tu palabra antídoto
he sanado todos los venenos de este mundo
sin que el sueño estalle con serenidad y gracia.
He resignado ciertas libertades al encantamiento imperfecto,
he punzado en tu seno las alucinaciones,
en la proa de tu pecho
donde insolente y dócil
se resguarda mi deseo
parido de tu piel cuna de la luna.
No te quiero fecunda más que en el poro de tu voz,
ni que tu vientre me conmueva
con la punta avasalladora de tus ojos.
Llévame y clausura con deleites
cada gota de esta pena inagotable
que devastado entre tus piernas
y eterno naufragio sepultaremos amanecer.
Alcánzame que inevitablemente se nos viene el amor.
No me quedaré con la libertad en despoblado,
con el agua de tu vertiente impedida entre mis labios;
te perdería como a la gota lluvia rio mar
con tu memoria física y desbordante
sin saber si tu boca es la orilla de tu puerta
y si en este barco navegarás.
Se nos viene el amor, amor,
con el amarillento de los años
como una luz envejeciendo,
y en cada rincón, pequeña mía,
donde posé mis ojos sobre ti
caerá la sombra como una fiebre
que en su delirio nos cegará.
Se nos viene el amor,
el amor como los años con la pluma indeleble
que sobre la tinta del corazón
cuajará el infinito y secreto dulzor
por ese beso corrupto que ya nunca olvidarás.
El amor se nos viene…
dejad que el cielo se desmorone
con el abanico de los corolas que la mirada mojarán…
Como el amor de los amantes
es el amor que se nos viene,
como los ríos en el mar van dejando su caudal.
El amor que se asoma, cariño mío,
de tu ombligo de luz ardiente y quemada
se nos viene de pájaros que nos quieren libertar…
de un mal poema perdido en el tiempo.
Me veo como las horas
que le sobrevivo a la muerte.
Con piedad de pluma sobre los arcos de mi sangre
he dibujado el pudor de las estrellas,
de la noche como un arrollo de planetas vagabundos,
cielo paloma cuna incansable
que en el deleite de las pupilas siniestradas
deja posar la humedad del ancla
sobre cadenas que trepan por el atajo de mi voz.
Llevo un secreto pálido, el blanco y la ausencia
perfumado en el vientre de la risa.
Soy las aguas imposibles del océano,
el azar melancólico de las olas,
saturado de furia como el suicidio
y cobarde como la vida,
el hijo pródigo del continente desierto
donde el faro de tu voz, oh, paloma terrenal,
me desnuda la orfandad
con que he vestido el laberinto de los años.
Soy el agua roca gaviota nube,
la orilla playa pies huida,
el sobreviviente de las palabras en perspectiva,
la tiranía del beso indomable
que ha besado piel boca sudor y alma.
No contaré mi eternidad sin sombra,
la vastedad brumosa de precipicios en el pecho
ni la ropa tendida sobre las arterias
o el ruido de los buques que alejándose te añoran;
no te diré, mi fiel trozo de música y eclipse
del infinito perfecto que he cultivado
pues en cada sazón rota que he heredado
sólo tú, mi otoño de auroras imprecisas,
revuelcas la preñez de un corazón ciego de a colores.
Toma mi mano cansada de traiciones.
Con tu palabra antídoto
he sanado todos los venenos de este mundo
sin que el sueño estalle con serenidad y gracia.
He resignado ciertas libertades al encantamiento imperfecto,
he punzado en tu seno las alucinaciones,
en la proa de tu pecho
donde insolente y dócil
se resguarda mi deseo
parido de tu piel cuna de la luna.
No te quiero fecunda más que en el poro de tu voz,
ni que tu vientre me conmueva
con la punta avasalladora de tus ojos.
Llévame y clausura con deleites
cada gota de esta pena inagotable
que devastado entre tus piernas
y eterno naufragio sepultaremos amanecer.
Alcánzame que inevitablemente se nos viene el amor.
No me quedaré con la libertad en despoblado,
con el agua de tu vertiente impedida entre mis labios;
te perdería como a la gota lluvia rio mar
con tu memoria física y desbordante
sin saber si tu boca es la orilla de tu puerta
y si en este barco navegarás.
Se nos viene el amor, amor,
con el amarillento de los años
como una luz envejeciendo,
y en cada rincón, pequeña mía,
donde posé mis ojos sobre ti
caerá la sombra como una fiebre
que en su delirio nos cegará.
Se nos viene el amor,
el amor como los años con la pluma indeleble
que sobre la tinta del corazón
cuajará el infinito y secreto dulzor
por ese beso corrupto que ya nunca olvidarás.
El amor se nos viene…
dejad que el cielo se desmorone
con el abanico de los corolas que la mirada mojarán…
Como el amor de los amantes
es el amor que se nos viene,
como los ríos en el mar van dejando su caudal.
El amor que se asoma, cariño mío,
de tu ombligo de luz ardiente y quemada
se nos viene de pájaros que nos quieren libertar…
Última edición: