Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se pronuncia tu nombre
al abrir la puerta,
luces de trigal
descalzan a la noche
y ponen en cortinas
sueños de velero,
que hinchan las mejillas
para abrazar el aire.
Se pronuncia tu nombre
en persianas que enrollan
sus miedos al sentir
el calor que los derrota
y llenas de energía
de un café humeante,
no temen a la vida
en espacios sin hueco.
Se pronuncia tu nombre
en el rocío verde
de almohadas hambrientas,
cargadas de sonido,
y pájaros que vuelan
sobre un mar sin fondo,
en tu boca de sal
repleta de oleaje,
bajo un pecho de curva
y laberinto,
donde un bosque crece
con la fuerza de un rayo
y la raíz es cumbre
de un deseo mutuo.
Se pronuncia tu nombre
en la espesura del armario,
que mezcla mi cintura
con tu espalda
tu muslo con mi mano,
que olvida diferencias
de pieles y colores
y adivina olores
de flores que persisten
en adornar el cielo
con tu pelo negro,
con tu camisa encendida
de botones de plata,
como lluvia de estrellas
que imaginan un fuego,
un fuego que hace mecha
en la amplia sonrisa,
de las sábanas blancas
vueltas frente al espejo.
al abrir la puerta,
luces de trigal
descalzan a la noche
y ponen en cortinas
sueños de velero,
que hinchan las mejillas
para abrazar el aire.
Se pronuncia tu nombre
en persianas que enrollan
sus miedos al sentir
el calor que los derrota
y llenas de energía
de un café humeante,
no temen a la vida
en espacios sin hueco.
Se pronuncia tu nombre
en el rocío verde
de almohadas hambrientas,
cargadas de sonido,
y pájaros que vuelan
sobre un mar sin fondo,
en tu boca de sal
repleta de oleaje,
bajo un pecho de curva
y laberinto,
donde un bosque crece
con la fuerza de un rayo
y la raíz es cumbre
de un deseo mutuo.
Se pronuncia tu nombre
en la espesura del armario,
que mezcla mi cintura
con tu espalda
tu muslo con mi mano,
que olvida diferencias
de pieles y colores
y adivina olores
de flores que persisten
en adornar el cielo
con tu pelo negro,
con tu camisa encendida
de botones de plata,
como lluvia de estrellas
que imaginan un fuego,
un fuego que hace mecha
en la amplia sonrisa,
de las sábanas blancas
vueltas frente al espejo.
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