Eran como diosas sin sonetos
blancas, intocables
lejanas
mortales.
Eran como tú
distantes, en cielos negros
que se acercaban para huir.
Cruzaban mi vida en silencio
como tú lo haces ahora
caminando sobre mí, sin dejar huella.
Eran estrellas si brillaban
y si lloraban, eran como tus ojos
ocultos, y a la vez visibles por el llanto.
Desaparecidas, atrapadas en el tiempo
estrellas de mi soledad
aún la busco, en tu mirada anticipada.
Se puede volver, hoy hay otros caminos
sonríe, se feliz
olvidé versos en el espacio
que harán días de soneto y luz
las mismas estrellas perdidas y solitarias
sin santuarios transformadas
maduras, serias, templadas, dispuestas
a iluminarte el porvenir.