Lanzó la mirada baldía,
en la hora de la derrota,
antes incluso que la batalla;
battalla inexistene, derrota plausible.
-Vagabundea, absorta, el alma humana,
entre grises páramos inertes:
de tristeza mutilada,
de indiferencia fébril.-
Diose cuenta de su taimada terquedad inútil,
dibujose en su rostro, sombreado por el negro fracaso,
un rojizo trazo de ira intempestiva y helada;
alzando la voz en tono ajeno:
-Sé que sois!
escondidos en aposentos casposos,
empequeñecidos por la empresa advenidiza,
mutilados de sentimientos por distración.-
En un últmio esfuerzo hiriente,
señalo con el dedo a la especie humana
y su irracundo ademán rociose de paciente esperanza:
-Sé que sois!
cobardes alimañas de la complasencia
consumiros en vuestra triste existencia
y cuando venga ese minuto de sublime lúcidez honesta,
seguidos clavando el puñal de la resignación
áspero y doliente que lento se consume,
parasitando vuestras ganas de vivir y ser,
sé que sois conscientes de ellos,
sé que sois!
en la hora de la derrota,
antes incluso que la batalla;
battalla inexistene, derrota plausible.
-Vagabundea, absorta, el alma humana,
entre grises páramos inertes:
de tristeza mutilada,
de indiferencia fébril.-
Diose cuenta de su taimada terquedad inútil,
dibujose en su rostro, sombreado por el negro fracaso,
un rojizo trazo de ira intempestiva y helada;
alzando la voz en tono ajeno:
-Sé que sois!
escondidos en aposentos casposos,
empequeñecidos por la empresa advenidiza,
mutilados de sentimientos por distración.-
En un últmio esfuerzo hiriente,
señalo con el dedo a la especie humana
y su irracundo ademán rociose de paciente esperanza:
-Sé que sois!
cobardes alimañas de la complasencia
consumiros en vuestra triste existencia
y cuando venga ese minuto de sublime lúcidez honesta,
seguidos clavando el puñal de la resignación
áspero y doliente que lento se consume,
parasitando vuestras ganas de vivir y ser,
sé que sois conscientes de ellos,
sé que sois!