Macalopez
Poeta adicto al portal
Se querían.
Sólo tenían labios,
boca manos.
La nuca respaldaba
un dolor estirado
y crispaba la vida,
como un mazo.
Tiritaban .
Apenas el corazón
parecía moverse.
Era un rescollo
tinteneante de pájaros
y mil miradas subían y bajaban
de las manos a los labios.
Sabian que existían;
un huracán, un prado, una fuerza
y debía de haber un remanso.
Solo había
un nervioso y celeste páramo.
Y la hoguera, crepitaba,
y las manos, que ensalzamos ,
subían y bajaban, rebosaban
como un millar de grillos ensordeciendo
con dientes apretados.
Labios juntos, labios anchos.
Y querían,
sólo querían labios,
sobre sus cabezas
rotundos astros.
Se sentían.
Como órbitas elípticas
rotando,
gravitatorias unidas
con la lengua de sus manos.
Sólo tenían labios,
boca manos.
La nuca respaldaba
un dolor estirado
y crispaba la vida,
como un mazo.
Tiritaban .
Apenas el corazón
parecía moverse.
Era un rescollo
tinteneante de pájaros
y mil miradas subían y bajaban
de las manos a los labios.
Sabian que existían;
un huracán, un prado, una fuerza
y debía de haber un remanso.
Solo había
un nervioso y celeste páramo.
Y la hoguera, crepitaba,
y las manos, que ensalzamos ,
subían y bajaban, rebosaban
como un millar de grillos ensordeciendo
con dientes apretados.
Labios juntos, labios anchos.
Y querían,
sólo querían labios,
sobre sus cabezas
rotundos astros.
Se sentían.
Como órbitas elípticas
rotando,
gravitatorias unidas
con la lengua de sus manos.
Última edición: