poetakabik
Poeta veterano en el portal
Se respira en el aire aquel aroma
de la tez de una mujer enamorada,
que diluyó de néctares su boca,
al despertar tranquila la alborada.
Viciada esta la brisa de su nombre,
sus ecos los repiten los silencios
a cada paso suyo, le sigue un hombre
suplicando que ella sea, su única verdad.
Que sea su devenir en los momentos
su despertar tranquilo en las mañanas,
el corazón que delata movimientos
y acaricia con sus dedos la ventana.
Que su latir le abrace por las noches
colgado de esos hilos transparentes,
que sostienen dos mundos diferentes
unidos sin que exista ningún broche.
Que igual que ayer le siga acompañando,
vistiendo de alegrías su camino,
cogidos de la mano desfilando
marcan las horas ya, de su destino.
de la tez de una mujer enamorada,
que diluyó de néctares su boca,
al despertar tranquila la alborada.
Viciada esta la brisa de su nombre,
sus ecos los repiten los silencios
a cada paso suyo, le sigue un hombre
suplicando que ella sea, su única verdad.
Que sea su devenir en los momentos
su despertar tranquilo en las mañanas,
el corazón que delata movimientos
y acaricia con sus dedos la ventana.
Que su latir le abrace por las noches
colgado de esos hilos transparentes,
que sostienen dos mundos diferentes
unidos sin que exista ningún broche.
Que igual que ayer le siga acompañando,
vistiendo de alegrías su camino,
cogidos de la mano desfilando
marcan las horas ya, de su destino.
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