Si surcando el océano de la vida has hallado
en tu viaje, un futuro de inequidad nimbado,
no retraigas tu espíritu evadiendo peldaños:
¡sé valiente! traspasa peligros, enfrenta naufragios.
Si un día regaste con el néctar de tu alma
un jardín que se hallaba entre escombros y ramas
y al rocío de tus besos insolente se impuso
y tu alma redujo a la mísera infamia:
¡Sé valiente! ¡no entorpezcas tu mente!
¡no destruyas tu cándida calma!
piensa que fuiste el consuelo de un alma,
aunque esa alma morara en despreciable coraza.
Si el destino te trajo ironías disfrazadas
imponiendo en tu alma agobiante dolor,
no declines deshecho a la sima intrincada
¡sé valiente, destruye las trampas!
que si hoy no las matas ¡te matará el deshonor!
Pues, si estancamos las mentes
ante pequeñas crecientes
destrozando las vidas por exiguas desgracias,
no abriremos las alas ante grandes borrascas
que cortadas serían, al primer dardo hiriente.
Y si miedo en el lecho de la vida arrasamos,
no sabríamos lo que somos, ni seríamos lo que ansiamos;
porque para ser lo que anhelamos:
¡las facetas de la vida primero superamos!
Pues si hoy nos sentimos ante el mundo impedidos
atrayendo en nosotros sólo crueles desgracias,
no podríamos llegar a escalar los caminos
que el destino nos pone como pruebas de entrada.
Así ¡sé valiente ante la vida misma,
que la misma vida ayuda a ser valiente ante la muerte!
en tu viaje, un futuro de inequidad nimbado,
no retraigas tu espíritu evadiendo peldaños:
¡sé valiente! traspasa peligros, enfrenta naufragios.
Si un día regaste con el néctar de tu alma
un jardín que se hallaba entre escombros y ramas
y al rocío de tus besos insolente se impuso
y tu alma redujo a la mísera infamia:
¡Sé valiente! ¡no entorpezcas tu mente!
¡no destruyas tu cándida calma!
piensa que fuiste el consuelo de un alma,
aunque esa alma morara en despreciable coraza.
Si el destino te trajo ironías disfrazadas
imponiendo en tu alma agobiante dolor,
no declines deshecho a la sima intrincada
¡sé valiente, destruye las trampas!
que si hoy no las matas ¡te matará el deshonor!
Pues, si estancamos las mentes
ante pequeñas crecientes
destrozando las vidas por exiguas desgracias,
no abriremos las alas ante grandes borrascas
que cortadas serían, al primer dardo hiriente.
Y si miedo en el lecho de la vida arrasamos,
no sabríamos lo que somos, ni seríamos lo que ansiamos;
porque para ser lo que anhelamos:
¡las facetas de la vida primero superamos!
Pues si hoy nos sentimos ante el mundo impedidos
atrayendo en nosotros sólo crueles desgracias,
no podríamos llegar a escalar los caminos
que el destino nos pone como pruebas de entrada.
Así ¡sé valiente ante la vida misma,
que la misma vida ayuda a ser valiente ante la muerte!