Évano
Libre, sin dioses.
Caen los óxidos de las estrellas del ayer
y penetran como lluvias derramadas en la noche
por mi tejado abierto, roto y destrozado.
Polvo amarillo desplomándose en la alcoba,
como el cuadro que comen los ácaros,
el que cuelga de la alcayata torcida,
el que sostiene por inercia a esos dos actores,
dos autómatas continuando lo imposible.
Ahora en la cama se desploman mis ojos también
al verte vestida de arcoíris fingido
en el rincón que ahora yace en la sombra
con el susurro de las mentiras de antaño.
Ahora soy un despojo más de la cama,
pieles y huesos masticando el pasado
y el futuro del cielo desmentido.
Has hecho de los días legañas negras
que ciegan los pasos que camino.
Como cristales de estrellas oxidadas
desciendes y me blandes y apuñalas
en esta alcoba que vomita recuerdos
por las ventanas aferradas al infierno
forjado por tus dientes adorados.
Ahora en la cama me retuerzo y muero
del no amor bramado por mi alma.
Conmigo se irá tu universo,
lo postré a tus tacones de espadas.
Con ellos clavados en la espalda,
como un muñeco de alfileres de vudú,
como un esqueleto atravesado en tu mundo,
me despido a mi tumba de sollozos
con ilusiones que nunca brotaron.
Solo fueron espinas disfrazadas,
palabras de una actriz impasible.
Sea óxido también tu alma
cuando arribes al averno de ti misma.
Sea tu celda el vacío que ahora siento
y te acompañe en lo eterno
la sombra de lo que fui.
y penetran como lluvias derramadas en la noche
por mi tejado abierto, roto y destrozado.
Polvo amarillo desplomándose en la alcoba,
como el cuadro que comen los ácaros,
el que cuelga de la alcayata torcida,
el que sostiene por inercia a esos dos actores,
dos autómatas continuando lo imposible.
Ahora en la cama se desploman mis ojos también
al verte vestida de arcoíris fingido
en el rincón que ahora yace en la sombra
con el susurro de las mentiras de antaño.
Ahora soy un despojo más de la cama,
pieles y huesos masticando el pasado
y el futuro del cielo desmentido.
Has hecho de los días legañas negras
que ciegan los pasos que camino.
Como cristales de estrellas oxidadas
desciendes y me blandes y apuñalas
en esta alcoba que vomita recuerdos
por las ventanas aferradas al infierno
forjado por tus dientes adorados.
Ahora en la cama me retuerzo y muero
del no amor bramado por mi alma.
Conmigo se irá tu universo,
lo postré a tus tacones de espadas.
Con ellos clavados en la espalda,
como un muñeco de alfileres de vudú,
como un esqueleto atravesado en tu mundo,
me despido a mi tumba de sollozos
con ilusiones que nunca brotaron.
Solo fueron espinas disfrazadas,
palabras de una actriz impasible.
Sea óxido también tu alma
cuando arribes al averno de ti misma.
Sea tu celda el vacío que ahora siento
y te acompañe en lo eterno
la sombra de lo que fui.