Colores de la vida, la libertad y la paz,
si en tus brazos he de terminar,
que sea hoy o nunca más.
Te he visto dispuesta a profanar
cualquier infortunio,
cualquier camino, todo destino.
No distingues entre bien y mal,
ni te asustan los contrastes,
ni te menguan mis deseos inquietantes,
ni te hipnotizan los diamantes.
Dime, si no es mañana, que sea antes,
¿En dónde estás en este instante?,
¿A dónde van a parar mis alucinaciones
y mi alma al quebrantarse?
No me sueñes,
ni menciones mi nombre,
árbol del fruto prohibido,
yo nunca he existido
y tu atención es incertidumbre.
Deja esa costumbre,
de pedirme amor,
te hago un favor,
siendo parte del enjambre;
Alborotado, decaído,
en conflicto constante,
dispuesto a ganar la guerra
y después perderla
con tal de besarte.
Besarte con afán de ser eterno,
no por morbo ni deseo.
Definir en donde comienza la vida,
se pierde la paz y te ofrezco libertad.
Vivir en cada suspiro,
apaciguar este corazón incauto
y liberarme del pacto.
No hay explicación que me sea relevante,
ni deudas que sumen las perdidas del contrincante,
sólo somos tú y yo, en el amor principiantes;
Dispuestos a ser, a renunciar,
a ir hasta el final sin retorno,
a caminar de la mano
y señalar cuando dejemos de ser humanos,
cual es el pecado del que hablamos
y lo que el pasado nos ha dejado,
mientras nos volvemos estrellas
y junto a ellas caos y equidad.
si en tus brazos he de terminar,
que sea hoy o nunca más.
Te he visto dispuesta a profanar
cualquier infortunio,
cualquier camino, todo destino.
No distingues entre bien y mal,
ni te asustan los contrastes,
ni te menguan mis deseos inquietantes,
ni te hipnotizan los diamantes.
Dime, si no es mañana, que sea antes,
¿En dónde estás en este instante?,
¿A dónde van a parar mis alucinaciones
y mi alma al quebrantarse?
No me sueñes,
ni menciones mi nombre,
árbol del fruto prohibido,
yo nunca he existido
y tu atención es incertidumbre.
Deja esa costumbre,
de pedirme amor,
te hago un favor,
siendo parte del enjambre;
Alborotado, decaído,
en conflicto constante,
dispuesto a ganar la guerra
y después perderla
con tal de besarte.
Besarte con afán de ser eterno,
no por morbo ni deseo.
Definir en donde comienza la vida,
se pierde la paz y te ofrezco libertad.
Vivir en cada suspiro,
apaciguar este corazón incauto
y liberarme del pacto.
No hay explicación que me sea relevante,
ni deudas que sumen las perdidas del contrincante,
sólo somos tú y yo, en el amor principiantes;
Dispuestos a ser, a renunciar,
a ir hasta el final sin retorno,
a caminar de la mano
y señalar cuando dejemos de ser humanos,
cual es el pecado del que hablamos
y lo que el pasado nos ha dejado,
mientras nos volvemos estrellas
y junto a ellas caos y equidad.