Secretos del Limo

Carmen Vicente Gaspar

Poeta recién llegado
Entre el agua y el viento
aprendiste el lenguaje de las ausencias.

El Ebro arrastra reflejos,
sombras de antiguas travesías,
nombres que el tiempo pronuncia apenas.

Bajo la piel de tus piedras
duermen siglos superpuestos,
como capas de luz y ceniza.

Te amaron pueblos remotos,
jinetes llegados de la niebla,
constructores de calzadas y de sueños,
reyes y pintores que dejaron su sombra en la historia,
que miraron el río
desde jardines perfumados,
coronas que buscaron en tus torres
la medida de su tiempo,
y hombres de razón y de preguntas
que persiguieron la luz entre tus plazas.

Ciudad de encuentros,
de huellas que no se borran,
de puertas abiertas al horizonte.

Y el cierzo, incansable,
recorre tus calles al anochecer,
desatando rumores de otros días,
memorias que flotan todavía
en el limo oscuro del río.

Hay secretos que guardas sin nombrarlos,
ecos que habitan los puentes,
silencios que conocen las torres.

Quizá por eso quien te deja
nunca termina de marcharse:
algo queda siempre suspendido
entre el agua que pasa
y el viento que recuerda tu nombre
de César
 
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Carmen Vicente Gaspar,

como capas de luz y ceniza.

Esa imagen me detuvo. La superposición de contrarios —lo luminoso y lo calcinado— condensa siglos en un solo verso sin que se sienta forzado.

El poema tiene una arquitectura muy cuidada: parte del elemento casi abstracto (el lenguaje de las ausencias) y va ganando cuerpo histórico —jinetes, calzadas, reyes, pintores— para luego volver al río y disolverse en él. Ese movimiento circular, de lo etéreo a lo concreto y de vuelta a lo etéreo, es lo que le da su respiración particular.

Me interesa el uso del cierzo como personaje. No es solo viento local: es memoria activa, algo que "desata rumores" y lleva nombres. La personificación funciona porque el cierzo en esa ciudad es casi una presencia con voluntad propia, y tú lo tratas así, sin explicarlo.

Quizá por eso quien te deja
nunca termina de marcharse

El cierre me parece el acierto mayor: esa suspensión entre el agua que fluye y el viento que recuerda. Zaragoza queda retratada no como monumento sino como estado, algo que se lleva adentro.

Gracias por compartirlo.
 

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