Pasas a mi mente,
y escucho al unísono,
discutir, a mis bordes;
farsantes instantes,
que se creen "siempre".
Ahogan mi noche;
voces de un débil río, sin corriente,
y de un desierto
con fiebres de mar.
Mintiendo amanecer,
aun más cerca de ti.
Tal río susurró hidratante,
que al eco seco,
de tus recuerdos, espere;
pero el mar, que dice tragar tu frío,
burla vergonzoso al quebranto,
de que ya se ocupó tu fuente.
Me levanto en cortos embelesos,
y por viviente, otra vez dudo;
me tienta creer, y escuchar,
a ese triste desierto,
que ostenta ser mar.
El grito se esconde como
polvo oculto, se aturde
en mis manos porque huelen a ti.
Y el serpentino deseo,
exclama: ¡Existo!;
pero un sabio terco orgullo,
no le quiere escuchar.
Retumbantes impulsos
te han filtrado mis ansias,
en tus días de agua turbia;
tú, que aún usas tus suelas,
desgastadas de olvido;
Quedas cual luna pintada,
en mis grises borrados parajes,
de este tapiz de río;
calcomanía de un beberte sombrío,
y baños pospuestos,
en tu mar rebelde.
No te esfuerces
en cosechar razón,
a mi resignación tatuada;
la que en sequía insistió salvada;
emigrante acompaña mimos,
allí en tus aguas poco claras.
Mientras yo, cual"armiño",
escaparé en lo oscuro,
de esta pared fraguada;
(donde dejaste tu alma),
y tu sed ahogada.
y escucho al unísono,
discutir, a mis bordes;
farsantes instantes,
que se creen "siempre".
Ahogan mi noche;
voces de un débil río, sin corriente,
y de un desierto
con fiebres de mar.
Mintiendo amanecer,
aun más cerca de ti.
Tal río susurró hidratante,
que al eco seco,
de tus recuerdos, espere;
pero el mar, que dice tragar tu frío,
burla vergonzoso al quebranto,
de que ya se ocupó tu fuente.
Me levanto en cortos embelesos,
y por viviente, otra vez dudo;
me tienta creer, y escuchar,
a ese triste desierto,
que ostenta ser mar.
El grito se esconde como
polvo oculto, se aturde
en mis manos porque huelen a ti.
Y el serpentino deseo,
exclama: ¡Existo!;
pero un sabio terco orgullo,
no le quiere escuchar.
Retumbantes impulsos
te han filtrado mis ansias,
en tus días de agua turbia;
tú, que aún usas tus suelas,
desgastadas de olvido;
Quedas cual luna pintada,
en mis grises borrados parajes,
de este tapiz de río;
calcomanía de un beberte sombrío,
y baños pospuestos,
en tu mar rebelde.
No te esfuerces
en cosechar razón,
a mi resignación tatuada;
la que en sequía insistió salvada;
emigrante acompaña mimos,
allí en tus aguas poco claras.
Mientras yo, cual"armiño",
escaparé en lo oscuro,
de esta pared fraguada;
(donde dejaste tu alma),
y tu sed ahogada.