iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ganas de besarte los muslos
dejando arrastrar mi labio inferior,
mar sediento.
Y encerrándote con mi labio superior,
sol sin más cielo que tu piel
caer, entrepierna abajo
empujando con mis mejillas
con mi nariz haciendo espacios
cañones exactos
por donde deslizar
mi hambre voraz y primigenia
hasta el clavel que se desboca,
sangrante flor de todos mis delirios
muriendo entre mis labios.
Afanoso correr de aguas,
cauce desbocado.
Cauce de mis frenéticos anhelos
bañando ojos de cristal
alimentando bocas
sedientas de futuro
nutriendo entrañas de tierra
de madre selvática,
de noches llenas de dioses de luna.
Cauce de un milenario deseo compartido
que va arrastrando un fondo de abismos,
fluyendo devastador por el cosmos dorado
de nuestro deseo
haciendo tiritar luna, estrellas, firmamento.
Derrumbando el manto sobre el pensamiento.
Constricción de boa que atraviesa cada nervio
reptando dentro y fuera de la piel marcada.
como dios-serpiente tomando la carne
haciendo estallar la tormenta
dentro de nuestros cuerpos sumidos en su gloria
inmolación del deseo consumado
dejando arrastrar mi labio inferior,
mar sediento.
Y encerrándote con mi labio superior,
sol sin más cielo que tu piel
caer, entrepierna abajo
empujando con mis mejillas
con mi nariz haciendo espacios
cañones exactos
por donde deslizar
mi hambre voraz y primigenia
hasta el clavel que se desboca,
sangrante flor de todos mis delirios
muriendo entre mis labios.
Afanoso correr de aguas,
cauce desbocado.
Cauce de mis frenéticos anhelos
bañando ojos de cristal
alimentando bocas
sedientas de futuro
nutriendo entrañas de tierra
de madre selvática,
de noches llenas de dioses de luna.
Cauce de un milenario deseo compartido
que va arrastrando un fondo de abismos,
fluyendo devastador por el cosmos dorado
de nuestro deseo
haciendo tiritar luna, estrellas, firmamento.
Derrumbando el manto sobre el pensamiento.
Constricción de boa que atraviesa cada nervio
reptando dentro y fuera de la piel marcada.
como dios-serpiente tomando la carne
haciendo estallar la tormenta
dentro de nuestros cuerpos sumidos en su gloria
inmolación del deseo consumado