En el baile de las sedas uno se refugia, encuentra la lluvia de los ojos, es huesped de soledades...,
escarba y deja reposar el alma queriendo ser humilde ladrón de los destinos.
SEDAS VENTRÍLOCUAS
Bella puesta de ventrílocuas sedas,
rosas en el ocaso de mi corazón.
Son días de dolor de barcazas
que se hunden en mi pecho;
tormentas de desconcierto
que insisten en el sarcasmo
de una niebla desamparada.
Aquí esta mi leve palabra construida
para alimentar las esquinas de la noche;
son dedos de luz redonda, sonidos
de agua que desgarran las manzanas,
mientras las horas se destruyen
entre sirenas de frágiles memorias.
Mis ojos fluyen y se llenan de tropiezos
para decorar el envés de las manos
y siempre extraño el sentado Silencio,
ese huésped preparado para recoger
la oscuridad de los miedos que miran.
Escarbo en el límite de mis ojos,
mientras la luz me mima a ciegas
entre los horizontes de placentas
que se emocionan con tus consuelos.
Puedo entonces recoger los sentimientos,
pintar en color esas emociones desmayadas.
Los extremos de mi alma reposan
entre las planicies que encuentran
los paralíticos vientos de la pasión,
mientras tu antídoto de sal me alivia.
Quiero entonces recoger todos tus auxilios
y escuchar las voces de esa ilusión velada.
Las calles que atraviesan esta soledad
son bálsamo de lomos que te cuentan
como robo la música de tus destinos
cuando recorro mis límites extraviados.
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luzyabsenta
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