SEGUIR CAMINANDO

SEGUIR CAMINANDO

Un libro en las manos
y mi mente en alguna altura planetaria,
en donde puedo volver a perder lo que alguna vez gane
y volver a ganarlo;
en donde encuentro a mis muertos
y vuelvo a bajar a la tierra
para seguir con algo que me quede de ellos,
una flor que cambia de color cuando
los vientos de verano dejan de soplar
y a la Carita de Dios vuelve la lluvia.


La libertad de decirte, en una palabra,
“todo lo tienes, y en un segundo, lo puedes perder”,
son las palabras, el tiempo y los pedazos de alma
que se perdieron, y al frente del espejo
se refleja un vació que te va acompañar
como la sombra de tu misma sombra,
los momentos se empiezan a sumar a otros
y los recuerdos también.

Los volcanes entre los que fui creciendo
se siguen abandonando, se echan, descansan
y me siguen abrazando como
si todavía fuera una niña y hablo de todos,
de una sola muerte que se me llevó a todos,
entonces, parece que la muerte se alza con una sonrisa,
pero el olvido no se llevó su espíritu lejos de mi corazón,
que aun late fuerte por ellos,
perdí la cuenta de los años en que se fueron
y las nubes siguen dibujando sus rostros.

De pronto, despierto, solo trato de ser fuerte,
con el libro en las manos;
con un café en los constantes inviernos

de mi ciudad de montaña/
del mundo recorrido
de la mano de una cátedra de moral individual;

y de aulas porteñas con aires parisinos,
después, una bienvenida cargada de matices;
con un rosario, apretado, entre los pliegos del corazón;
y así, saber que la muerte no ganó;
una lágrima se vuelve inofensiva,
porque ellos “siguen vivos,

sonriendo conmigo, vuelven conmigo
a sus lugares favoritos”.


Están aquí y siempre lo estarán,
en lo más profundo de mi ser,
los escucho y cuando siento desfallecer,
me agarran la mano, y un susurro
me alienta mientras su voz me dice:
“…no tengas miedo, toda va a estar bien
como cuando eras pequeña”
,
y la muerte no me venció.

El significado de la muerte es tan efímero como la vida misma,
los que se fueron son los ángeles que te hacen entender sus maneras,
descubrir sus diferentes rostros;
empiezas a vivir otra vida, un poco, de tanto en tanto,
para rozar la eternidad y ser ligero de peso,
volar en cualquier momento junto con ellos.
 
Última edición:
Un libro en las manos

y mi mente en alguna altura planetaria,

en donde puedo volver a perder lo que alguna vez gane

y volver a ganarlo;

en donde encuentro a mis muertos

y vuelvo a bajar a la tierra

para seguir con algo que me quede de ellos,

una flor que cambio de color cuando

los vientos de verano dejan de soplar

y a la carita de Dios vuelve la lluvia.


La libertad de decirte, en una palabra,

“todo lo tienes, y en un segundo, lo puedes perder”,

son palabras, es tiempo, y las cosas se pueden perder,

pero lo otro solo deja un vació en el corazón,

debes aprender a llenarlo con otros momentos

y de otros recuerdos, sabes que jamás volverá

a ser lo mismo, aunque lo intentes una y otra vez.


Los volcanes entre los que fui creciendo,

se siguen abandonando,

ahora ya estoy grande,

pero me siguen abrazando como

si todavía fuera una niña y hablo de todos,

de una sola muerte que se me llevo a todos,

aparentemente, la muerte gano,

pero solo pueda ganar, si su espíritu

se pierde en el olvido, y eso jamás puede pasar,

mientras el corazón siga latiendo,

y pierda la cuenta de los años que se fueron

y las nubes dibujen sus rostros.


De pronto, despierto, solo trato de ser fuerte

con el libro en las manos;

con un café en los constantes inviernos de mi ciudad de montaña/

del mundo recorrido;

con una cátedra de las aulas universitarias que siempre recorro;

con una bienvenida después de tanto tiempo;

con un rosario apretado, muy fuerte, entre mis manos;

y así, seguir, sabiendo que la muerte no gano,

a pesar, de que una lágrima me quiera hacer daño,

te digo: “sigues vivo, sonríe conmigo, vuelve conmigo

a tus lugares favoritos”.



Están aquí y siempre lo estarán,

en lo más profundo de mi ser,

los escucho y cuando siento desfallecer,

me agarran la mano, y un susurro

me alienta mientras su voz me dice:

“…no tengas miedo, toda va a estar bien

como cuando eras pequeña”, y la muerte no gano.



Entonces, la muerte no existe,

su significado es tan efímero como la vida misma

y puede ser aquello que apetezcas,

y si tienes ángeles, a entender sus maneras;

ser otra vida, que cada día aprendes a vivir

un poco, de tanto en tanto, para dejar de ser eterno

y ser ligero de peso,

volar en cualquier momento junto con ellos.
Bello poema de muerte y vida, sugerentes imágenes que describen bellos sentimientos. Un abrazo amiga María. Paco.
 

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