María Francisca
GAVIOTA
SEGUIR CAMINANDO
Un libro en las manos
y mi mente en alguna altura planetaria,
en donde puedo volver a perder lo que alguna vez gane
y volver a ganarlo;
en donde encuentro a mis muertos
y vuelvo a bajar a la tierra
para seguir con algo que me quede de ellos,
una flor que cambia de color cuando
los vientos de verano dejan de soplar
y a la Carita de Dios vuelve la lluvia.
La libertad de decirte, en una palabra,
“todo lo tienes, y en un segundo, lo puedes perder”,
son las palabras, el tiempo y los pedazos de alma
que se perdieron, y al frente del espejo
se refleja un vació que te va acompañar
como la sombra de tu misma sombra,
los momentos se empiezan a sumar a otros
y los recuerdos también.
Los volcanes entre los que fui creciendo
se siguen abandonando, se echan, descansan
y me siguen abrazando como
si todavía fuera una niña y hablo de todos,
de una sola muerte que se me llevó a todos,
entonces, parece que la muerte se alza con una sonrisa,
pero el olvido no se llevó su espíritu lejos de mi corazón,
que aun late fuerte por ellos,
perdí la cuenta de los años en que se fueron
y las nubes siguen dibujando sus rostros.
De pronto, despierto, solo trato de ser fuerte,
con el libro en las manos;
con un café en los constantes inviernos
de mi ciudad de montaña/
del mundo recorrido
de la mano de una cátedra de moral individual;
y de aulas porteñas con aires parisinos,
después, una bienvenida cargada de matices;
con un rosario, apretado, entre los pliegos del corazón;
y así, saber que la muerte no ganó;
una lágrima se vuelve inofensiva,
porque ellos “siguen vivos,
sonriendo conmigo, vuelven conmigo
a sus lugares favoritos”.
Están aquí y siempre lo estarán,
en lo más profundo de mi ser,
los escucho y cuando siento desfallecer,
me agarran la mano, y un susurro
me alienta mientras su voz me dice:
“…no tengas miedo, toda va a estar bien
como cuando eras pequeña”, y la muerte no me venció.
El significado de la muerte es tan efímero como la vida misma,
los que se fueron son los ángeles que te hacen entender sus maneras,
descubrir sus diferentes rostros;
empiezas a vivir otra vida, un poco, de tanto en tanto,
para rozar la eternidad y ser ligero de peso,
volar en cualquier momento junto con ellos.
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