P
Paloma Martin
Invitado
El tiempo sigue mis pasos
ya no me deja tenerlo
como antes, en el olvido.
Con sus manecillas de reloj
me señala los ojos, cuando
se asoma de mala gana,
a mi cara sencilla de la mañana.
Ya sé que no tardará en
querer ser irrespetuoso
delante de mi espejo,
con su caracter impetuoso
que te pasa por arriba,
al menor descuido.
El tiempo sigue mis pasos
y a veces se me adelanta.
Juega carreras con mis hijos,
ahora casi siempre los atrapa
y les pone en sus cuerpos
cada vez más señales
del paso de sus horas.
Ellos ya me miran de frente,
y me escrutan la mirada
con un mapa diferente
en la ruta de sus ojos.
El tiempo quiere agotar su sed
de horas ajenas en mi.
Yo lo abrumo
con la vitalidad de mis poesías
y lo tengo en espera.
Ya le dije aún no asumo
su necesidad
de beberse
de un sorbo,
mi vida entera
ya no me deja tenerlo
como antes, en el olvido.
Con sus manecillas de reloj
me señala los ojos, cuando
se asoma de mala gana,
a mi cara sencilla de la mañana.
Ya sé que no tardará en
querer ser irrespetuoso
delante de mi espejo,
con su caracter impetuoso
que te pasa por arriba,
al menor descuido.
El tiempo sigue mis pasos
y a veces se me adelanta.
Juega carreras con mis hijos,
ahora casi siempre los atrapa
y les pone en sus cuerpos
cada vez más señales
del paso de sus horas.
Ellos ya me miran de frente,
y me escrutan la mirada
con un mapa diferente
en la ruta de sus ojos.
El tiempo quiere agotar su sed
de horas ajenas en mi.
Yo lo abrumo
con la vitalidad de mis poesías
y lo tengo en espera.
Ya le dije aún no asumo
su necesidad
de beberse
de un sorbo,
mi vida entera
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