crgomez
Poeta recién llegado
Arrodillado ante su indiferencia
Abatido, la estocada fue precisa
La espada quien amaba
Elevo mi plegaria a sus oidos
Mi dama, mi gitana,
Escuche mis gemidos, con paciencia
Niegueme, destiérreme, de su paraiso
Oculte sus aspiraciones, sus dudas,
Esas que alguna vez mostrara
En un gesto de complicidad
Mi dama, mi gitana,
Una caricia cervical
Hace patria en su piel
Los escasos segundos
que pasan en tan sutil movimiento
justifican una eternidad
de recuerdos, la deseaba
y solo pude resumir, sublimar
rozándola, con la punta de mis dedos.
Desde la punta de sus cabellos
A la punta de sus manos
Sus mejillas,
Fue capaz de permitirme
Degustar su cuerpo
Sin darme total acceso,
Por eso, asumo mi humillación
Mi dama, mi gitana,
Ya tuvieron gloria mis dedos
Que se posaron sobre su miel,
Su piel, bebieron,
Y hoy se rinden finalmente
De rodillas quedo,
Usted indiferente
In diferente.
Abatido, la estocada fue precisa
La espada quien amaba
Elevo mi plegaria a sus oidos
Mi dama, mi gitana,
Escuche mis gemidos, con paciencia
Niegueme, destiérreme, de su paraiso
Oculte sus aspiraciones, sus dudas,
Esas que alguna vez mostrara
En un gesto de complicidad
Mi dama, mi gitana,
Una caricia cervical
Hace patria en su piel
Los escasos segundos
que pasan en tan sutil movimiento
justifican una eternidad
de recuerdos, la deseaba
y solo pude resumir, sublimar
rozándola, con la punta de mis dedos.
Desde la punta de sus cabellos
A la punta de sus manos
Sus mejillas,
Fue capaz de permitirme
Degustar su cuerpo
Sin darme total acceso,
Por eso, asumo mi humillación
Mi dama, mi gitana,
Ya tuvieron gloria mis dedos
Que se posaron sobre su miel,
Su piel, bebieron,
Y hoy se rinden finalmente
De rodillas quedo,
Usted indiferente
In diferente.