Seguridad social

Eee

Poeta recién llegado
Le pidió que lo bañara porque llevaba sucio meses. El riesgo de neumonía era una certeza en invierno. Hace meses que nadie viene a verlo –respondió casi solo para sí. El jefe del piso, creyéndolo preparado, agregó: Báñalo y deja la ventana abierta. Recibió una mirada de espanto, recapacitó, lo había confundido con otro auxiliar; ahora debía darle razones y argumentos: Descansará, nadie paga sus facturas. No puedo –musitó el auxiliar. Estudiar tantos años para discutir con un auxiliar–pensó. Recordó sus lecciones de ética profesional: Hay gente que verdaderamente necesita esta cama. El auxiliar seguía aterrorizado. El doctor se impacientó, se acercaba la hora del almuerzo: Déjalo, podemos pedir tu cambio a urgencias. El auxiliar, mirando el suelo, cedió un poco: Puedo bañarlo. El doctor miró su reloj: Está bien. Después del almuerzo pasó por la cama del anciano que aún temblaba, lo destapó y abrió la ventana. Al día siguiente, trajeron otro anciano que tampoco hablaba ni se movía. No podía creer su suerte, de seguir así lo volverían a ascender pronto.
 
Última edición:
Un buen relato, bastante cruel por cierto. Evidentemente, ese asilo era un «moridero». Salvo por la ausencia de las apropiadas comillas en el diálogo, lo veo bien escrito.
abrazo
j.
Le pidió que lo bañara porque llevaba sucio meses. El riesgo de neumonía era una certeza en invierno. Hace meses que nadie viene a verlo –respondió casi solo para sí. El jefe del piso, creyéndolo preparado, agregó: Báñalo y deja la ventana abierta. Recibió una mirada de espanto, recapacitó, lo había confundido con otro auxiliar; ahora debía darle razones y argumentos: Descansará, nadie paga sus facturas. No puedo –musitó. Estudiar tantos años para discutir con un auxiliar–pensó. Recordó sus lecciones de ética profesional: Hay gente que verdaderamente necesita esta cama. El auxiliar seguía aterrorizado. El doctor se impacientó, se acercaba la hora del almuerzo: Déjalo, podemos pedir tu cambio a urgencias. El auxiliar, mirando el suelo, cedió un poco: Puedo bañarlo. El doctor miró su reloj: Está bien. Después del almuerzo pasó por la cama del anciano que aún temblaba, lo destapó y abrió la ventana. Al día siguiente, trajeron otro anciano que tampoco hablaba ni se movía. No podía creer su suerte, de seguir así lo volverían a ascender pronto.
 
Le pidió que lo bañara porque llevaba sucio meses. El riesgo de neumonía era una certeza en invierno. Hace meses que nadie viene a verlo –respondió casi solo para sí. El jefe del piso, creyéndolo preparado, agregó: Báñalo y deja la ventana abierta. Recibió una mirada de espanto, recapacitó, lo había confundido con otro auxiliar; ahora debía darle razones y argumentos: Descansará, nadie paga sus facturas. No puedo –musitó el auxiliar. Estudiar tantos años para discutir con un auxiliar–pensó. Recordó sus lecciones de ética profesional: Hay gente que verdaderamente necesita esta cama. El auxiliar seguía aterrorizado. El doctor se impacientó, se acercaba la hora del almuerzo: Déjalo, podemos pedir tu cambio a urgencias. El auxiliar, mirando el suelo, cedió un poco: Puedo bañarlo. El doctor miró su reloj: Está bien. Después del almuerzo pasó por la cama del anciano que aún temblaba, lo destapó y abrió la ventana. Al día siguiente, trajeron otro anciano que tampoco hablaba ni se movía. No podía creer su suerte, de seguir así lo volverían a ascender pronto.
Un relato intenso que se aferra a esa realidad que vivimos.
el desahogo y la falta de corresponcia con los que nos necesitan.
un bello analisis de la situacion. saludos amables de luzyabsenta.
excelente.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba