Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Seis minutos y vuelven
Pensaba sentado, y no descansaba;
veía mis manos alegres antaño,
tristes y ajadas.
Las venas marcadas,
pasados los años,
sombrío en mis aledaños;
en huesos cascadas,
los mares que fueron baladas,
ahora son ríos hundidos
en aguas pasadas.
Y pensaba sentado,
de pie, que es estrada;
me observaba escribiente,
escribiendo versos pasmado;
flor y lápiz, y un papel machacaba,
y en la letra mostrada insolente,
señales de sombra socavo.
Un frasco de aroma destapa,
cuando vi apagada la tele,
y también al que escribe de baja;
y ya no sé donde estoy:
pensando sentado, o dentro en la caja.
Y de reojo… una mirada,
y aquél de la pantalla
simulaba mirarme,
¡cuando yo lo miraba!
Cansado de tanto vendaje,
encendí el adorno de plata,
y una luz asomó viendo gente,
que pensé también me miraban.
No estoy sólo, y soy decente,
y yo sentado frente a frente;
otros vean lo que yo no he terminado,
que encendí la luz por sorberme,
y la luz me absorbió sin quererme;
y pensé que si voy disfrazado
el disfraz es común y evidente.
Terminé el escrito, y creí razón suficiente,
mal o bien, ni lo pongo, ni lo quito;
me acomodé a la función para verme,
y pensando de nuevo, el frasquito
interrumpió la sesión…
Seis minutos y vuelven.
Han pasado muchos días
de la entrevista con usted, Penélope;
hoy es cualquier día, pero no sé si comeré,
ni si el banco, Penélope, me llamará otra vez.
Tampoco sé si habrá un trabajo,
y ese trabajo Penélope, será de usted
un gran regalo, para que el banco deje de ser,
una amenaza hacia mi casa, y así poder
pagar las letras, que hipotecado, como le dije,
me hallo en paro; y quiero fije
su buen amparo para este hombre,
que minusválido, quiere a Penélope como un Ulises.
Sé que ella tiene trabajos,
hace y deshace, y espera llegue quien le suplique;
y sea trabajo lo que fabrique,
cuando los muchos ya trabajando,
vean descanso en sus trabajos,
para que lleguen los beneficios
a otro en paro que está llamando;
y que lo alivie su desparpajo
al que le diga que usted Penélope,
porque si pica, será que cava
en lo más rico que es todo ajo,
que por el ojo…
Empleó a destajo.
Y allí acabé, sentado, mirándome,
esperando a Penélope;
y ella esperándome a mí,
sin saber que estaba a su lado,
y buscaba un trabajo,
y al ver en aquella caja el retrato, Penélope,
escuché una canción... que hablaba de ti.
Y en seis minutos volvieron
y tuve poco trabajo;
fue muy poco el dinero,
y espero hagan muchos descansos,
que yo descanso no quiero,
quiero un trabajo... ¡carajo!,
que no lo veo,
porque la tele está, bajo
algún espejo,
que rajo y rajo.
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