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Seis palmos de tierra

Horace

Poeta recién llegado
(Fotografía del propio autor)
imgp1091p32frs.jpg

Pronto se irá la luz,

y tú sigues allí...,
aguardando la comitiva
que nunca llega...

Llueve...
y tú, mitigando la espera,
apoyas de nuevo la frente
en la mojada corteza del tronco
tras el que ocultas tu pena.

Luego, sí...
A lo lejos se escucha
murmullo apagado de gentes
y rumores de pasos sobre las piedras.

¡Ya se dibuja el cortejo en la loma.
Grises los cielos del fondo
tras de las siluetas negras!

¡La llevan a ella!...
¡En hombros!...
Vestida de raso blanco,
dentro de su caja de brea...

Y detrás, con dolor fingido
y recibiendo cumplidos consuelos,
aquel que consumió sus abriles,
¡Aquel que no supo quererla!...

Y tú sigues allí...,
escondido, a lo lejos;
mientras la lluvia cala tus huesos
y tu alma roba la escena.

Porque ellos, al poco se irán...;
y tú quedarás sólo, por fin,
con ella...

Y en ese santo lugar
donde el tiempo se congela,
en frío lecho de barro,
tendido sobre las flores muertas,
ya no habrán más distancias eternas
entre tu suerte y la suya...
¡Apenas un contenido gemido!...
¡Apenas seis palmos de tierra!...
Obra protegida: Esta obra, texto e imagen incluidos en sus respectivos casos, está bajo una licencia Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España de Creative Commons. Su uso no autorizado faculta al propietario del © para el ejercicio de acciones legales. Para ver una copia de esta licencia, visite http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/es/ o envie una carta a Creative Commons, 171 Second Street, Suite 300, San Francisco, California 94105, USA.)
 
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Gracias por compartirlo. Un placer.​
Le dejo en rojo una posible corrección. [FONT=&quot]​
[FONT=&quot]
[FONT=&quot] [FONT=&quot]Abrazos
[FONT=&quot]Chepeleón
[FONT=&quot]Moderador Foro Gótico


Pronto se irá la luz,
y tu sigues allí...,
aguardando la comitiva
que nunca llega...

Llueve...
y tú, mitigando la espera,
apoyas de nuevo la frente
en la mojada corteza del tronco
tras el que ocultas tu pena.

Luego, sí...
A lo lejos se escucha
murmullo apagado de gentes
y rumores de pasos sobre las piedras.

¡Ya se dibuja el cortejo en la loma.
Grises los cielos del fondo
tras de las siluetas negras!

¡La llevan a ella!...
¡En hombros!...
Vestida de raso blanco,
dentro de su caja de brea...

Y detrás, con dolor fingido
y recibiendo cumplidos consuelos,
aquel que consumió sus abriles,
¡Aquel que no supo quererla!...

Y tú sigues allí...,
escondido, a lo lejos;
mientras la lluvia cala tus huesos
y tu alma roba la escena.

Porque ellos, al poco se irán...;
y tú quedarás sólo, por fin,
con ella...

Y en ese santo lugar
donde el tiempo se congela,
en frío lecho de barro,
tendido sobre las flores muertas,
ya no habrán más distancias eternas
entre tu suerte y la suya...
¡Apenas un contenido gemido!...
¡Apenas seis palmos de tierra!...
 
Pronto se irá la luz,
y tú sigues allí...,
aguardando la comitiva
que nunca llega...

Llueve...
y tú, mitigando la espera,
apoyas de nuevo la frente
en la mojada corteza del tronco
tras el que ocultas tu pena.

Luego, sí...
A lo lejos se escucha
murmullo apagado de gentes
y rumores de pasos sobre las piedras.

¡Ya se dibuja el cortejo en la loma.
Grises los cielos del fondo
tras de las siluetas negras!

¡La llevan a ella!...
¡En hombros!...
Vestida de raso blanco,
dentro de su caja de brea...

Y detrás, con dolor fingido
y recibiendo cumplidos consuelos,
aquel que consumió sus abriles,
¡Aquel que no supo quererla!...

Y tú sigues allí...,
escondido, a lo lejos;
mientras la lluvia cala tus huesos
y tu alma roba la escena.

Porque ellos, al poco se irán...;
y tú quedarás sólo, por fin,
con ella...

Y en ese santo lugar
donde el tiempo se congela,
en frío lecho de barro,
tendido sobre las flores muertas,
ya no habrán más distancias eternas
entre tu suerte y la suya...
¡Apenas un contenido gemido!...
¡Apenas seis palmos de tierra!...




Horace este poema me ha dejado un ayyyy que es casi un quejido.
¡Que final! me ha dejado el alma en vilo.
Amigo te dejo mi cariño y las estrellas por esta buena obra.

 
(Fotografía del propio autor)
imgp1091p32frs.jpg

Pronto se irá la luz,

y tú sigues allí...,
aguardando la comitiva
que nunca llega...

Llueve...
y tú, mitigando la espera,
apoyas de nuevo la frente
en la mojada corteza del tronco
tras el que ocultas tu pena.

Luego, sí...
A lo lejos se escucha
murmullo apagado de gentes
y rumores de pasos sobre las piedras.

¡Ya se dibuja el cortejo en la loma.
Grises los cielos del fondo
tras de las siluetas negras!

¡La llevan a ella!...
¡En hombros!...
Vestida de raso blanco,
dentro de su caja de brea...

Y detrás, con dolor fingido
y recibiendo cumplidos consuelos,
aquel que consumió sus abriles,
¡Aquel que no supo quererla!...

Y tú sigues allí...,
escondido, a lo lejos;
mientras la lluvia cala tus huesos
y tu alma roba la escena.

Porque ellos, al poco se irán...;
y tú quedarás sólo, por fin,
con ella...

Y en ese santo lugar
donde el tiempo se congela,
en frío lecho de barro,
tendido sobre las flores muertas,
ya no habrán más distancias eternas
entre tu suerte y la suya...
¡Apenas un contenido gemido!...
¡Apenas seis palmos de tierra!...
Obra protegida: Esta obra, texto e imagen incluidos en sus respectivos casos, está bajo una licencia Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España de Creative Commons. Su uso no autorizado faculta al propietario del © para el ejercicio de acciones legales. Para ver una copia de esta licencia, visite http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/es/ o envie una carta a Creative Commons, 171 Second Street, Suite 300, San Francisco, California 94105, USA.)

Excelente
Beso, estrellas y reconocimiento a tu poema y a tu persona.
Rosario
 

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