El reloj que no cuelga de mi muro
no marca la hora que ya es.
Ya de pie, me levanto
y cruzo lo incruzable
deseando sin ningún esfuerzo
que desaparezcas a pesar de que no estás.
"Las horas son más perecederas que nunca
y el dinero sigue siendo necesario"
me gritas al oído.
Finalmente no me decido
a seguir o quedarme
en este país de caos y maravillas
y espantado, sueño despierto
un futuro donde vuelvo a ser niño:
los juegos son de colores
como mis ojos cafés.
Desespero y rompo mi sueño
para poder soñar de nuevo
un pasado que se parezca más a mi futuro.