Vianne dPraux
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Las horas han descolgados sus cuerpos
de los árboles para partir a las guaridas,
las habitaciones se hacen palacios escondidos
para los amantes que mueren de día
y resucitan a la par de una falsa luna
en los faroles de la calle,
mientras sus manos vuelven a contarse
que no saben de mentiras entre ellos.
La nuit, la nuit
este es un mundo de recortes
donde el aire sabe
como esa dulce manzana envenenada.
Son las once, vámonos
la luna ha de desvestírsenos
puntual y exquisita entre la mesa.
Secretos
Las estrellas han de dejar que sus dedos
rocen la tierra que olvidan los mortales,
Esta es la batalla contra el miedo, señores;
Esto es olvidar que la piel es solo piel
las tantas veces que se puede amar el alma
despojándose de los ojos en la puerta.
Así, esta es la última mirada hacia el vacio
que oculta las palabras en sus tumbas,
como necesarias minas de rumores ciertos
que bañan a la lluvia de un febril encanto.
Y es que estar sobre todas las miradas
es el inicio de la vida que aprende
entre los parpados del no recuerdo
vuelto eterno entre los dedos.
Esta es la verdad señores,
si el mundo es sólo una forma escrita de los hombres
nosotros somos los rubores entre líneas
que desgajan al idilio amoroso
de todas sus facetas escondidas.
de todas sus facetas escondidas.
Regresos
El sol ha regresado de la caravana por el cielo
hablando de la luz y sus desnudos en el aire.
Mírame cariño, es de mañana
vístete de nube, vístete en celeste;
Son las seis, el café te espera entre otros labios
pero estas sábanas dejaran que el sabor
a amor enclaustrado de silencios
nos espere a la próxima caída de las luces.
Anda amor,
vistámonos de miedo
una y otra vez.
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