Sendero de sombras

Porfirio Mayo

Poeta recién llegado
Revista EXISTIR # 77 Octubre del 2007


“Quiere dejarte en carne viva,
Para que luego cualquier brisa te lastime,
Para que dejes tu rastro de sangre
Por donde pases,
Para que todos
Te señalen Como la sin piel,

La desgraciada, la que no puede acercarse
Al agua ni a la lumbre ni dormir
En paz con ningún hombre…”

“Los perros”, obra de teatro de Doña ELENA GARRO


El no vendrá para vacaciones
No verán más mis ojos a su sombra perderse en el follaje
No volverá por el camino arropado de verdes aromas
No volverá para pisar nuestra risa de Flores
Nuestra frágil voz de pajarillo
Nuestros ojos que le extrañan tanto

El no llegará con el verano
No llegará con el sol de la tarde
Ni con el sol de la mañana
No lo traerán las nubes de regreso
A casa
El no volverá con la lluvia
El no volverá nunca más

Pasa volando una parvada de nubes
Por nuestro cuerpo
Juego de lágrimas

Pasa volando una parvada de aves
En nuestra cara
Juego de risas

Pasa volando un néctar de flores
En nuestra glotis, en nuestra garganta,
Juegos extraños

Pasa volando un ramo de días floridos
Pasa escurriéndose en nuestras narices,
En nuestra cara,
En nuestros sentidos
Y el juego termina.

El nombro los días
El dio nombre al tiempo,
Ahora Junio y Julio han hecho presa de mí.
Junio y julio acaparan mis sentidos, mis lágrimas, mi lluvia,
Mis manos, mi dolor, mi sangre.

Profundo el duelo navega
En espacios de otros mundos,
En espacios extraños
En espacios vacíos de ti y de mí,
En espacios sin tiempo, sin medida.

Su voz se disfraza de aire
De arrullo de rió chocando entre los juncos,
De susurros imperceptibles que
Arrullan a los bejucos y a los peces.

Laguna, cielo, mar de sombras que se disipa,
Que se evapora, que se arrebata.

Trota solitario el caballo en el llano

Estamos esperando ver tu cuerpo al medio día
Estamos esperando ver
Tú sombra de sol recostarse en el prado
Estamos esperando ver
Tu torso desnudo, tu piel montarse en nuestros ojos,
Tu risa, tus manos que mancillan, que ultrajan, que acarician
De manera impune, grotesca, sublime y religiosa

Tus manos que montan en nuestra piel,
que tocan el pensamiento, que tocan
Eso que existe muy dentro de nuestro cuerpo,
Eso que no se puede ver.

El no aparece en el sendero de sombras
El no aparece en el sendero de flores
El no aparece en el sendero encantado
El no aparece para acariciarme el alma.
El no apareció nunca más

Se pierden mis ojos en el camino
Se pierde el camino entre los árboles,
Se pierde el camino en la lejanía, sé pierde la mirada
En los cerros que de tan lejanos se miran azules
Como añadidos al cielo que mira incólume este oscuro desespero,
Esta alegría que agoniza entre ramas secas, pastos y árboles
Y más árboles y ríos y lagunas
y charcos pálidos, lívidos, también agonizantes.

El no llega
El no vuelve

Solas llegaron las vacaciones
Solas llegaron las nubes de julio
Solo los techos de las casas se alegraron
Solos las tejas rojas
Se posan en lo alto de las casas

Avecillas sin alas
Avecillas cautivas

Mariposas incubadas esperando la lluvia del verano.

El no llego con las nubes de junio y julio
El no llego nunca más.

En agosto la lluvia empezó a asomar por nuestros ojos

Brotó la lluvia de mis ojos como brotan los manantiales de la tierra
Brotó mitigando la sed de la pradera
Brotó mitigando la sed de mi cuerpo, la sed de mi alma
Urgida de tu presencia, de tu risa, de tus aromas, de tus pisares.

El sendero de árboles se fue ensombreciendo
Los días sin fin de Julio se fueron ensombreciendo

Los días largos, áridos, secos como mi cuerpo,
Como mis ojos, calurosos como el ropaje veraniego,
Como el ropaje de sol, de cielo, de prados, ramas y aires,
Fueron tornándose oscuros, sombríos, espesos, húmedos.

Los días llegaron sin su risa de niño
Sin su acento encantado, sin su voz de aves nocturnas
Sin su canto entretejiendo
En las sombras nuestras risas y nuestros juegos.

Un aroma de flores silvestres recorre nuestros sueños

Los recuerdos yacen durmiendo la siesta

El sueño mece placido en la hamaca

Tenues los recuerdos van y vienen

Suavemente la tristeza aborda los sentidos
El vaivén de tu cuerpo como olas de mar sobre mis manos

Las risas y las lágrimas agonizan en el aire
Buscan su blanca mirada.

El se fue de casa
El anuncio a mis oídos su partida
El anuncio a mis labios su huida
El anuncio a mi piel que no volvería
El anuncio a mi alma su abandono,
El se fue por las veredas que dan a la lejanía
Camino lejos hasta perderse, como
Se pierden los cometas en las noches profundas
El se fue en un viaje sin retorno
En un viaje sin destino y sin fin.

Se evaporó en la distancia
Su perfume.

Voló por los peñascos que hay en las afueras
De Ometepec, esa ciudad extraña
Esa ciudad que cuelga de la montaña.

La mañana era tibia y aun tenia residuos de Abril y Marzo.

Ahora nadie cantará sobre los árboles.

Ahora nadie hablará dulce a mis oídos.

Ahora sólo el lloriqueo del viento chipi agonizará conmigo
En el entramado de las palmas, de los mangos y los Nanchis.







 
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