Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Señora de mi Oriente
Señora, instante cautivo,
momento lleno de flor,
quién fuera el motivo
de ese aroma y su color.
Si supiera que mi alma
por vos suspira de ardor,
daría al corazón calma
con un poco de su amor.
Si me abraso cuando pasa
pase toda la ilusión,
para ver que no es escasa
llama viva de calor.
Tengo el pecho tan ardiente
que es un sol sin ser de usted,
qué sería el sol luciente
si yo suyo tuviera sed.
Es mi río el agua clara
que a sus pies está corriente;
el océano clamara:
¡Ay señora de mi Oriente!
Señora, instante cautivo,
momento lleno de flor,
quién fuera el motivo
de ese aroma y su color.
Si supiera que mi alma
por vos suspira de ardor,
daría al corazón calma
con un poco de su amor.
Si me abraso cuando pasa
pase toda la ilusión,
para ver que no es escasa
llama viva de calor.
Tengo el pecho tan ardiente
que es un sol sin ser de usted,
qué sería el sol luciente
si yo suyo tuviera sed.
Es mi río el agua clara
que a sus pies está corriente;
el océano clamara:
¡Ay señora de mi Oriente!