ANTONIO MARROQUIN
A flor de piel
Harta de los supermercados,
de cocinas y de cuartos arreglados...
Ya no aguanta el papel de ser la esposa, ahora quiere una propuesta indecorosa.
El espejo le ha mostrado sus encantos... lencería se compró
y no hubo desencanto...
El vestido dejaba ver su pierna
y su piel que le exigió una caricia, atrevida o muy tierna.
Acomodó el busto en el sostén,
una blusa se midió y un color rosa en sus labios le anunció...
¡estás viva, debes de dar amor y qué te den.
Señora de quién, saberlo no me importa... señora elegante conviértame en su amante.
Yo callando al mirarle,
y usted que no decía nada...
Hoy descubro que también en sus noches me soñaba.
Sus ojos me buscaron esa noche,
su pelo acaricié y no me hizo reproche...
Su piel se calentó, la suya se encendió y en una noche sin pensarlo lo suyo me entregó.
Esa noche con su piel, con sus ganas tuve una cita... yo muriendo por usted y usted negándose todita, ahora pudo describir que soy yo lo que su cuerpo necesita.
Ya no sufra por amor,
ya no vuelva a tener sed...
lo que ahora descubrió,
lo adoró hasta su boquita...
Antonio Marroquín
de cocinas y de cuartos arreglados...
Ya no aguanta el papel de ser la esposa, ahora quiere una propuesta indecorosa.
El espejo le ha mostrado sus encantos... lencería se compró
y no hubo desencanto...
El vestido dejaba ver su pierna
y su piel que le exigió una caricia, atrevida o muy tierna.
Acomodó el busto en el sostén,
una blusa se midió y un color rosa en sus labios le anunció...
¡estás viva, debes de dar amor y qué te den.
Señora de quién, saberlo no me importa... señora elegante conviértame en su amante.
Yo callando al mirarle,
y usted que no decía nada...
Hoy descubro que también en sus noches me soñaba.
Sus ojos me buscaron esa noche,
su pelo acaricié y no me hizo reproche...
Su piel se calentó, la suya se encendió y en una noche sin pensarlo lo suyo me entregó.
Esa noche con su piel, con sus ganas tuve una cita... yo muriendo por usted y usted negándose todita, ahora pudo describir que soy yo lo que su cuerpo necesita.
Ya no sufra por amor,
ya no vuelva a tener sed...
lo que ahora descubrió,
lo adoró hasta su boquita...
Antonio Marroquín