Doblezero
Poeta adicto al portal
Señoría, son cosas del azar.
Ay, corazón loco, no des tormento,
que el azaroso encuentro nos disculpa,
sin plan ni trama no tenemos culpa
si así me la encontré.
No fue dando un garbeo calculado,
ni en un jardín que ya me conociera,
tampoco en algún parque que tuviera
las huellas de mis pies.
Así la cosa, cruel o caprichosa,
que estando en casa henchido de reposo
me dio un gusano, presto e imperioso,
por irme a Media-Mark.
Me di buena revista en el espejo
y envainé mis brazos en la chaqueta
y al abrir la puerta con su peineta
me vino a golpear
su chola de ella que, por despistada,
sin luz por mi rellano y de cuclillas,
le di un susto al abrir y a mi cosilla
subió para dar coz.
Resulta que la pobre forastera
buscaba, por los suelos, unas llaves
de casa de una prima cuyo enclave
por desgracia olvidó.
Y apunto estaba de meter su hierro
al ojo de mi cerradura nueva
que oyó por dentro crujir la falleba
y casi se hace orín.
Con susto arriba y llaves por los suelos
y por desenredar la tesitura
la joven se empinó con tal premura
que me vino a crujir.
(Hagamos un parón con fisgoneo:
que al único de aquellos con cipote
que le hayan roto el pito de cogote
seguro que es a mí.)
Así pues, ambos con aquellos bultos
nos fuimos de ambulancia y de magreo
envueltos en tiritas y morreos
de cara al hospital.
Y al último empujón va y le da mosca
y en el pasillo de aquel sanatorio,
sin más, me dieron interrogatorio,
luego correccional.
Y es que un agente que andaba de parto,
nervioso porque su mujer gritaba,
me hizo maltratador porque asomaba
un pródigo chichón
de la cabeza envuelta en torpes vendas
de aquella chica tiesa en la camilla
y al lado yo con mi falo en tablilla,
y entonces violador.
Y aquí ando yo, solo y emparedado,
a espera de abogado y escribiendo
en un poema lo que está ocurriendo
por culpa del azar.
Así pues, corazón tu bien tranquilo,
que al juez le vamos a contar la cosa
y nada de discursos ni de prosa:
¡¡de pie y a recitar!!.
Autor: Doblezero
Ay, corazón loco, no des tormento,
que el azaroso encuentro nos disculpa,
sin plan ni trama no tenemos culpa
si así me la encontré.
No fue dando un garbeo calculado,
ni en un jardín que ya me conociera,
tampoco en algún parque que tuviera
las huellas de mis pies.
Así la cosa, cruel o caprichosa,
que estando en casa henchido de reposo
me dio un gusano, presto e imperioso,
por irme a Media-Mark.
Me di buena revista en el espejo
y envainé mis brazos en la chaqueta
y al abrir la puerta con su peineta
me vino a golpear
su chola de ella que, por despistada,
sin luz por mi rellano y de cuclillas,
le di un susto al abrir y a mi cosilla
subió para dar coz.
Resulta que la pobre forastera
buscaba, por los suelos, unas llaves
de casa de una prima cuyo enclave
por desgracia olvidó.
Y apunto estaba de meter su hierro
al ojo de mi cerradura nueva
que oyó por dentro crujir la falleba
y casi se hace orín.
Con susto arriba y llaves por los suelos
y por desenredar la tesitura
la joven se empinó con tal premura
que me vino a crujir.
(Hagamos un parón con fisgoneo:
que al único de aquellos con cipote
que le hayan roto el pito de cogote
seguro que es a mí.)
Así pues, ambos con aquellos bultos
nos fuimos de ambulancia y de magreo
envueltos en tiritas y morreos
de cara al hospital.
Y al último empujón va y le da mosca
y en el pasillo de aquel sanatorio,
sin más, me dieron interrogatorio,
luego correccional.
Y es que un agente que andaba de parto,
nervioso porque su mujer gritaba,
me hizo maltratador porque asomaba
un pródigo chichón
de la cabeza envuelta en torpes vendas
de aquella chica tiesa en la camilla
y al lado yo con mi falo en tablilla,
y entonces violador.
Y aquí ando yo, solo y emparedado,
a espera de abogado y escribiendo
en un poema lo que está ocurriendo
por culpa del azar.
Así pues, corazón tu bien tranquilo,
que al juez le vamos a contar la cosa
y nada de discursos ni de prosa:
¡¡de pie y a recitar!!.
Autor: Doblezero