Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
Sensación
Caminar, con la cadencia de las sombras de los faros,
en un río silencioso,
meditar, con la tranquilidad del pescador
con la fe puesta en su atarraya.
Es más que el alivio de un clímax vertiginoso,
una mezcla de endorfinas,
como un niño en cumpleaños.
Es una onda perfecta en frecuencia y amplitud,
viajando entre conductos extasiados.
un flirteo dulce convertido del sonido a la alegría…,
como un caramelo destapado sigilosamente,
como un salpicar de aguas saladas en la tarde,
como un resplandor de domingo sin preocupaciónes.
Es algo críptico, desesperante, consolador,
un atleta ciego compitiendo en una carrera de fondo, con su guía,
un mimo que no recuerda los gestos de su presentación;
una medalla de oro, un aplauso unánime en los teatros.
Caminar, con la cadencia de las sombras de los faros,
en un río silencioso,
meditar, con la tranquilidad del pescador
con la fe puesta en su atarraya.
Es más que el alivio de un clímax vertiginoso,
una mezcla de endorfinas,
como un niño en cumpleaños.
Es una onda perfecta en frecuencia y amplitud,
viajando entre conductos extasiados.
un flirteo dulce convertido del sonido a la alegría…,
como un caramelo destapado sigilosamente,
como un salpicar de aguas saladas en la tarde,
como un resplandor de domingo sin preocupaciónes.
Es algo críptico, desesperante, consolador,
un atleta ciego compitiendo en una carrera de fondo, con su guía,
un mimo que no recuerda los gestos de su presentación;
una medalla de oro, un aplauso unánime en los teatros.