Alexander Careoga
Sublime Sendero Azul
¡Si lo vi!
¡Lo toque!
¡Lo olí!
Me mantuve vivo 4 o 5 instantes compactado al congelarse el tiempo.
Renuncia total a la clave sinfónica de la dicha, del miedo y de la dignidad orgullosa de una genética como cualquiera.
Nada especial acomete en el suceso metamorfosico del patrón cósmico..........se infunde la oscuridad y la ignorancia. La rutina se adorna con el tintineo de los móviles de la ventana.
Soledad se posa en la banqueta, en esa única geografía que se vuelve inverosímil y mística. La naturaleza es apta para dar el ultimo manifiesto de nuestro derrumbe..... de ese holocausto de carnaval emocional.
En una cama lave mi furia, mi salvaje instinto y ese voraz inconsciente valor, para una supremacía en la consecutiva genealogía de la voz.
¡Lo miro! Y el silencio reino, se distrajo intencionalmente para hacernos creer que no existió muerte ahí, que solo fue un desdén monótono y que eso no causo un impacto en las dimensiones alternas.
Levedad sobre el pavimento de la urbe, del suburbio destruido por el ruido de la moda y el glamour, del electro-estéreo juvenil de aceptación, de la insignificante validez de la existencia de la otredad y de aquella falsa seriedad a importancia.
La sensación se encarno, se materializo y en un murmullo de lucidez, las probabilidades del futuro destruyo.
¡Lo toque!
¡Lo olí!
Me mantuve vivo 4 o 5 instantes compactado al congelarse el tiempo.
Renuncia total a la clave sinfónica de la dicha, del miedo y de la dignidad orgullosa de una genética como cualquiera.
Nada especial acomete en el suceso metamorfosico del patrón cósmico..........se infunde la oscuridad y la ignorancia. La rutina se adorna con el tintineo de los móviles de la ventana.
Soledad se posa en la banqueta, en esa única geografía que se vuelve inverosímil y mística. La naturaleza es apta para dar el ultimo manifiesto de nuestro derrumbe..... de ese holocausto de carnaval emocional.
En una cama lave mi furia, mi salvaje instinto y ese voraz inconsciente valor, para una supremacía en la consecutiva genealogía de la voz.
¡Lo miro! Y el silencio reino, se distrajo intencionalmente para hacernos creer que no existió muerte ahí, que solo fue un desdén monótono y que eso no causo un impacto en las dimensiones alternas.
Levedad sobre el pavimento de la urbe, del suburbio destruido por el ruido de la moda y el glamour, del electro-estéreo juvenil de aceptación, de la insignificante validez de la existencia de la otredad y de aquella falsa seriedad a importancia.
La sensación se encarno, se materializo y en un murmullo de lucidez, las probabilidades del futuro destruyo.