Sommbras
Poeta adicto al portal
.
Sentado frente al mar,
mareado, seco, casi vivo,
pienso besos previamente sentidos
navegando por el éter del amor que viví.
A mi alrededor,
unas olas arremeten por salir,
arremeten,
un sol de azafrán y de ovejas,
allá un faro sin el techo de la prisa,
la brisa ocultando
la soledad en las arenas diminutas,
tanto sol,
tanta cordura,
un solo caracol de luz
se cuela en mis entrañas,
tampoco aquí está la calma.
En sus ojos estaban mis cosas,
mis libros,
mis corbatas,
mi inteligencia.
Me comí todo el amor
intentando domesticar una golondrina
ella, de tormenta y seda, se las ingenió
para deslizarse dentro mío,
apretadamente en mi pecho
Mientras,
cae la ola
dispersando sus carnes,
en esta arena se borran todas sus palabras.
mientras un sabor de distancia
embarca por mi saliva.
Señor del mar,
ahora que te aproximas a mis ojos,
lo único que quiero
es que me des atrevimiento, atrevimiento,
para que el amor prístino
no vea en mí sólo querencia.
Aprendí a bailar la sacarina en su té,
ahora soy un labio sin orquesta.
Vigilo la arena.
Qué poco universo hay
en esta orilla.
Y su adiós en el horizonte,
enfrente,
como una pared.
¿En dónde termina la mar
y empieza ella?
Su beso fue un vaso de sed
que lo bebió conmigo.
Besos, pasos del amor,
chispas del viaje.
Sólo soy un gorrión herido por un disparo,
un perro de playa
adoptando la orfandad humana,
un apático ser
que desesperado busca en la mar
la bufanda de espuma
que la ola perdió en la embestida.
Salimos del planeta
de las risas.
Ahora está toda la nieve en su silencio.
En esta arena cantábamos.
En aquella palmera reíamos.
Que bella mentira
le contamos al amor
en nombre de la música.
Tan solo fue
una mujer precipitadamente bella.
Ahora es una bandada de ausencia.
Verde jungla,
verde acuático,
mi vida está muy verde
mientras el amor siga tan azul.
...
..
.
Jesús Soriano
Sentado frente al mar,
mareado, seco, casi vivo,
pienso besos previamente sentidos
navegando por el éter del amor que viví.
A mi alrededor,
unas olas arremeten por salir,
arremeten,
un sol de azafrán y de ovejas,
allá un faro sin el techo de la prisa,
la brisa ocultando
la soledad en las arenas diminutas,
tanto sol,
tanta cordura,
un solo caracol de luz
se cuela en mis entrañas,
tampoco aquí está la calma.
En sus ojos estaban mis cosas,
mis libros,
mis corbatas,
mi inteligencia.
Me comí todo el amor
intentando domesticar una golondrina
ella, de tormenta y seda, se las ingenió
para deslizarse dentro mío,
apretadamente en mi pecho
Mientras,
cae la ola
dispersando sus carnes,
en esta arena se borran todas sus palabras.
mientras un sabor de distancia
embarca por mi saliva.
Señor del mar,
ahora que te aproximas a mis ojos,
lo único que quiero
es que me des atrevimiento, atrevimiento,
para que el amor prístino
no vea en mí sólo querencia.
Aprendí a bailar la sacarina en su té,
ahora soy un labio sin orquesta.
Vigilo la arena.
Qué poco universo hay
en esta orilla.
Y su adiós en el horizonte,
enfrente,
como una pared.
¿En dónde termina la mar
y empieza ella?
Su beso fue un vaso de sed
que lo bebió conmigo.
Besos, pasos del amor,
chispas del viaje.
Sólo soy un gorrión herido por un disparo,
un perro de playa
adoptando la orfandad humana,
un apático ser
que desesperado busca en la mar
la bufanda de espuma
que la ola perdió en la embestida.
Salimos del planeta
de las risas.
Ahora está toda la nieve en su silencio.
En esta arena cantábamos.
En aquella palmera reíamos.
Que bella mentira
le contamos al amor
en nombre de la música.
Tan solo fue
una mujer precipitadamente bella.
Ahora es una bandada de ausencia.
Verde jungla,
verde acuático,
mi vida está muy verde
mientras el amor siga tan azul.
...
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Jesús Soriano