Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sentado sobre el tejado,
se deja acariciar por el frío,
que sin compasión se cuela,
por las rendijas de sus prendas,
que a jirones su piel pálida quedó expuesta,
y de un rojo carmesí sus labios se mordían,
más sus ojos en contorno rodea su negra opción,
que desde hace días no se han querido ir de su expresión.
La negra noche ya no es augurio del día,
si no lo oscuro de su mirar,
que en infinito miran sin gesticular,
más su boca degusta sus salinas gotas,
que un día partieron desde la cúspide de su lagrimar
y el nudo anidado en su garganta se apodera de su pensar,
dejando ir el melancólico lamento,
junto a la gélida brisa que atrevida pasó a su lado.
Un transeúnte pasa sin atender,
que en la cima de esa mansión,
hay quien le observa su apresurado correr,
más la noche se hiela para pararse a entender
y la figura continúa sentada impávida,
desfigurando sus manos dentro de su corazón,
que apretado se contempla,
sin saber donde comenzó su depresión.
Piensa alzar vuelo desde el pináculo de su dolor
asintiendo la decisión,
que ha meditado en más de una ocasión,
y mientras la altura se hace de su complot
admite una figura que le llora desde su creación
deteniendo enérgico su lúgubre entonación
quedándose inmóvil sentado,
bajo la lluvia y el relámpago,
que a esa hora dibujaban la vigilia de su colisión,
que si mirabas bien,
sólo se dejaba ver bajo su quebranto quieto,
sobre la azotea de su bastidor.....
se deja acariciar por el frío,
que sin compasión se cuela,
por las rendijas de sus prendas,
que a jirones su piel pálida quedó expuesta,
y de un rojo carmesí sus labios se mordían,
más sus ojos en contorno rodea su negra opción,
que desde hace días no se han querido ir de su expresión.
La negra noche ya no es augurio del día,
si no lo oscuro de su mirar,
que en infinito miran sin gesticular,
más su boca degusta sus salinas gotas,
que un día partieron desde la cúspide de su lagrimar
y el nudo anidado en su garganta se apodera de su pensar,
dejando ir el melancólico lamento,
junto a la gélida brisa que atrevida pasó a su lado.
Un transeúnte pasa sin atender,
que en la cima de esa mansión,
hay quien le observa su apresurado correr,
más la noche se hiela para pararse a entender
y la figura continúa sentada impávida,
desfigurando sus manos dentro de su corazón,
que apretado se contempla,
sin saber donde comenzó su depresión.
Piensa alzar vuelo desde el pináculo de su dolor
asintiendo la decisión,
que ha meditado en más de una ocasión,
y mientras la altura se hace de su complot
admite una figura que le llora desde su creación
deteniendo enérgico su lúgubre entonación
quedándose inmóvil sentado,
bajo la lluvia y el relámpago,
que a esa hora dibujaban la vigilia de su colisión,
que si mirabas bien,
sólo se dejaba ver bajo su quebranto quieto,
sobre la azotea de su bastidor.....