Sentidos incompletos

duf9991

Poeta adicto al portal
del amor imposible...


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Estos son los tres sentidos
con los que te nombro,
los tres sentidos con los que te agencio
los tres sentidos que me dicen
todo y nada sobre ti,
en un hálito eterno e impertérrito
que la vida ha puesto en mi poder…


Vista.
Yo te miro. Miro tu silueta
recortada bajo el candor infinito del ocaso,
miro tus ojos que ven hacia el vacío inescrutable…
tantas cosas miro tuyas:
tus labios que inmóviles seducen mis entrañas
tus manos que impávidas se posan en tu esbozo
tus piernas centelleantes, fulgurantes, cálidas
tu cabello que me asfixia
de placer impronunciable, casi herético
tus senos que dibujan el mismísimo perfume
de tu esencia.
Estás acostada. Y yo te miro. Tan tranquila y sosegada
cuando todo el mundo te asfixia.
Entre tus dedos cortos y delgados tienes remachado
un cigarrillo, cuya delgadez semeja la de aquello que le ase.
Dos humos impecables emanan:
uno, el que tu quieto cigarro libera, que dibuja sombras
de una precisión logarítmica indiscutible
el otro, el que tu boca lentamente exhala, un poco más
inquieto y agitado, como si leyera lo que reside
en tus entrañas misteriosas, y lo liberase, y como si con él
se fueran tus penas ilegibles, enigmáticas.
El humo se va, pero tú sigues ahí. Y yo te miro.


Oído.
Yo te oigo. Y oigo todo lo que te rodea
porque todo lo que te envuelve forma parte de ti, y de mí.
Oigo el divertido sonido del sofá cuando acomodas tu figura,
escucho tu acompasada respiración,
que parece seguir la cancerígena partitura del cigarro;
una intrépida canción que me abraza con ternura.
Oigo cuando tus palmas, casi imperceptiblemente
se juntan, y tensas tus manos, como si así la eterna presión
del mundo agobiante se liberara, como si al juntar tus dedos
se juntaran los mundos que mantienes separados.
Escucho muchas cosas tuyas:
tu piel cuando la rozas con tus dedos,
tu boca, cuando al abrirla lentamente, tu lengua rosada
visita el paraíso de tus labios, y juguetea inconscientemente
la saliva en tu boca,
tus suspiros fortuitos, esporádicos,
que al igual que muchas cosas, parecen
liberar una bomba atómica de tristezas de tu
pecho adolorido,
tu tormenta interior, que como rayos intimidantes
anuncian la llegada de la lluvia,
que baja a veces por tus ojos vidriosos.


Olfato.
Yo te huelo, la esencia de tu aroma es inmortal.
huelo el perfume intrépido de tu piel seductora,
tantas cosas huelo de ti:
tu pelo, que al moverse libera pequeños petardos
de tu bálsamo,
tu cigarro, ese necio cigarro que quiere interponerse
y no dejarme olerte, pero igualmente me seduce
pues todo lo que es tuyo me seduce,
tu aliento; una mezcla perfecta de dentífrico, chicle
y pecado, el pecado del pulmón ennegrecido,
tus manos, con olor a crema de mujer,
y tu cuello… tu cuello
el cuello que sostiene como una botella
todo el aroma que emanas, ese aroma que es como
carne para el perro, como
putrefacción para el escarabajo pelotero, como
queso para el ratón hambriento…
Sí yo te huelo… y amo todo lo que emana de ti.


Finalizo de esta forma este poema,
que de alguna forma está inconcluso…
Conozco la existencia de cinco sentidos,
mas con tres te percibo, TRES, como una criatura
subhumana, pseudo humana, cuasi humana…
te veo, te huelo, te oigo…
pero con estas manos malditas
nunca podré tocarte, ni sentir tu piel
ni tantas otras cosas que este poema inconcluso
no podrá describir.
te veo, te huelo, te oigo
pero con mi pérfida lengua no podré saborearte,
ni probar la miel del panal de tus labios
ni tantas otras cosas que este poema inconcluso
no podrá describir jamás…
jamás…
 
del amor imposible...



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Estos son los tres sentidos
con los que te nombro,
los tres sentidos con los que te agencio
los tres sentidos que me dicen
todo y nada sobre ti,
en un hálito eterno e impertérrito
que la vida ha puesto en mi poder…


Vista.
Yo te miro. Miro tu silueta
recortada bajo el candor infinito del ocaso,
miro tus ojos que ven hacia el vacío inescrutable…
tantas cosas miro tuyas:
tus labios que inmóviles seducen mis entrañas
tus manos que impávidas se posan en tu esbozo
tus piernas centelleantes, fulgurantes, cálidas
tu cabello que me asfixia
de placer impronunciable, casi herético
tus senos que dibujan el mismísimo perfume
de tu esencia.
Estás acostada. Y yo te miro. Tan tranquila y sosegada
cuando todo el mundo te asfixia.
Entre tus dedos cortos y delgados tienes remachado
un cigarrillo, cuya delgadez semeja la de aquello que le ase.
Dos humos impecables emanan:
uno, el que tu quieto cigarro libera, que dibuja sombras
de una precisión logarítmica indiscutible
el otro, el que tu boca lentamente exhala, un poco más
inquieto y agitado, como si leyera lo que reside
en tus entrañas misteriosas, y lo liberase, y como si con él
se fueran tus penas ilegibles, enigmáticas.
El humo se va, pero tú sigues ahí. Y yo te miro.


Oído.
Yo te oigo. Y oigo todo lo que te rodea
porque todo lo que te envuelve forma parte de ti, y de mí.
Oigo el divertido sonido del sofá cuando acomodas tu figura,
escucho tu acompasada respiración,
que parece seguir la cancerígena partitura del cigarro;
una intrépida canción que me abraza con ternura.
Oigo cuando tus palmas, casi imperceptiblemente
se juntan, y tensas tus manos, como si así la eterna presión
del mundo agobiante se liberara, como si al juntar tus dedos
se juntaran los mundos que mantienes separados.
Escucho muchas cosas tuyas:
tu piel cuando la rozas con tus dedos,
tu boca, cuando al abrirla lentamente, tu lengua rosada
visita el paraíso de tus labios, y juguetea inconscientemente
la saliva en tu boca,
tus suspiros fortuitos, esporádicos,
que al igual que muchas cosas, parecen
liberar una bomba atómica de tristezas de tu
pecho adolorido,
tu tormenta interior, que como rayos intimidantes
anuncian la llegada de la lluvia,
que baja a veces por tus ojos vidriosos.


Olfato.
Yo te huelo, la esencia de tu aroma es inmortal.
huelo el perfume intrépido de tu piel seductora,
tantas cosas huelo de ti:
tu pelo, que al moverse libera pequeños petardos
de tu bálsamo,
tu cigarro, ese necio cigarro que quiere interponerse
y no dejarme olerte, pero igualmente me seduce
pues todo lo que es tuyo me seduce,
tu aliento; una mezcla perfecta de dentífrico, chicle
y pecado, el pecado del pulmón ennegrecido,
tus manos, con olor a crema de mujer,
y tu cuello… tu cuello
el cuello que sostiene como una botella
todo el aroma que emanas, ese aroma que es como
carne para el perro, como
putrefacción para el escarabajo pelotero, como
queso para el ratón hambriento…
Sí yo te huelo… y amo todo lo que emana de ti.


Finalizo de esta forma este poema,
que de alguna forma está inconcluso…
Conozco la existencia de cinco sentidos,
mas con tres te percibo, TRES, como una criatura
subhumana, pseudo humana, cuasi humana…
te veo, te huelo, te oigo…
pero con estas manos malditas
nunca podré tocarte, ni sentir tu piel
ni tantas otras cosas que este poema inconcluso
no podrá describir.
te veo, te huelo, te oigo
pero con mi pérfida lengua no podré saborearte,
ni probar la miel del panal de tus labios
ni tantas otras cosas que este poema inconcluso
no podrá describir jamás…

jamás…



Muy interesante este poema...es muy original la idea. Mis estrellas a tu obra.
 
del amor imposible...



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Estos son los tres sentidos
con los que te nombro,
los tres sentidos con los que te agencio
los tres sentidos que me dicen
todo y nada sobre ti,
en un hálito eterno e impertérrito
que la vida ha puesto en mi poder…


Vista.
Yo te miro. Miro tu silueta
recortada bajo el candor infinito del ocaso,
miro tus ojos que ven hacia el vacío inescrutable…
tantas cosas miro tuyas:
tus labios que inmóviles seducen mis entrañas
tus manos que impávidas se posan en tu esbozo
tus piernas centelleantes, fulgurantes, cálidas
tu cabello que me asfixia
de placer impronunciable, casi herético
tus senos que dibujan el mismísimo perfume
de tu esencia.
Estás acostada. Y yo te miro. Tan tranquila y sosegada
cuando todo el mundo te asfixia.
Entre tus dedos cortos y delgados tienes remachado
un cigarrillo, cuya delgadez semeja la de aquello que le ase.
Dos humos impecables emanan:
uno, el que tu quieto cigarro libera, que dibuja sombras
de una precisión logarítmica indiscutible
el otro, el que tu boca lentamente exhala, un poco más
inquieto y agitado, como si leyera lo que reside
en tus entrañas misteriosas, y lo liberase, y como si con él
se fueran tus penas ilegibles, enigmáticas.
El humo se va, pero tú sigues ahí. Y yo te miro.


Oído.
Yo te oigo. Y oigo todo lo que te rodea
porque todo lo que te envuelve forma parte de ti, y de mí.
Oigo el divertido sonido del sofá cuando acomodas tu figura,
escucho tu acompasada respiración,
que parece seguir la cancerígena partitura del cigarro;
una intrépida canción que me abraza con ternura.
Oigo cuando tus palmas, casi imperceptiblemente
se juntan, y tensas tus manos, como si así la eterna presión
del mundo agobiante se liberara, como si al juntar tus dedos
se juntaran los mundos que mantienes separados.
Escucho muchas cosas tuyas:
tu piel cuando la rozas con tus dedos,
tu boca, cuando al abrirla lentamente, tu lengua rosada
visita el paraíso de tus labios, y juguetea inconscientemente
la saliva en tu boca,
tus suspiros fortuitos, esporádicos,
que al igual que muchas cosas, parecen
liberar una bomba atómica de tristezas de tu
pecho adolorido,
tu tormenta interior, que como rayos intimidantes
anuncian la llegada de la lluvia,
que baja a veces por tus ojos vidriosos.


Olfato.
Yo te huelo, la esencia de tu aroma es inmortal.
huelo el perfume intrépido de tu piel seductora,
tantas cosas huelo de ti:
tu pelo, que al moverse libera pequeños petardos
de tu bálsamo,
tu cigarro, ese necio cigarro que quiere interponerse
y no dejarme olerte, pero igualmente me seduce
pues todo lo que es tuyo me seduce,
tu aliento; una mezcla perfecta de dentífrico, chicle
y pecado, el pecado del pulmón ennegrecido,
tus manos, con olor a crema de mujer,
y tu cuello… tu cuello
el cuello que sostiene como una botella
todo el aroma que emanas, ese aroma que es como
carne para el perro, como
putrefacción para el escarabajo pelotero, como
queso para el ratón hambriento…
Sí yo te huelo… y amo todo lo que emana de ti.


Finalizo de esta forma este poema,
que de alguna forma está inconcluso…
Conozco la existencia de cinco sentidos,
mas con tres te percibo, TRES, como una criatura
subhumana, pseudo humana, cuasi humana…
te veo, te huelo, te oigo…
pero con estas manos malditas
nunca podré tocarte, ni sentir tu piel
ni tantas otras cosas que este poema inconcluso
no podrá describir.
te veo, te huelo, te oigo
pero con mi pérfida lengua no podré saborearte,
ni probar la miel del panal de tus labios
ni tantas otras cosas que este poema inconcluso
no podrá describir jamás…

jamás…




Una poesía genial.

¡Qué talento literario tienes!

Me fascinó el remate, es espectacular.

Estrellas, reputación, aplausos, felicitaciones y un abrazo fraternal.
 
marya Jesús;2543577 dijo:
Pedazo de poema grandioso,que imágines transmite,y un final tremendo.Enhorabuena poeta.Saludos.

muchisisisisisisimas gracias por tu comentario, me da ganas de seguir escribiendo!!! :D:D:D:D saludos!!!
 
Es difícil lograr que la atención sea sostenida cuando un escrito es extenso. En este caso, como se trata de Poesía y de la buena, no sólo me mantuve atenta hasta el final... sino extasiada.


Sé que estás en el portal desde el 2006, pero no creo haberte dado nunca la Bienvenida. Te la doy ahora, con mi abrazo y mis estrellas.
 
Es difícil lograr que la atención sea sostenida cuando un escrito es extenso. En este caso, como se trata de Poesía y de la buena, no sólo me mantuve atenta hasta el final... sino extasiada.


Sé que estás en el portal desde el 2006, pero no creo haberte dado nunca la Bienvenida. Te la doy ahora, con mi abrazo y mis estrellas.


muchas gracias jejejeje creo q si hemos hablado pero soy un publicador muy inconstante!!!! jaaja pero tengo muuuuuuuuchos poemas publicados aca... lo q pasa es q como casi nunca comento en los denadie... nadie me comenta jajajaja pero muchas graciaS! bienvenida aceptada jajaaja
 

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