Entonces,
Eras un ángel de luna en fuego
entre las sábanas flotantes al viento
y en la ventana, cual ladrón en acecho sentada,
las aves poetas de tus sentidos contorsionaban.
Entonces,
por la piel de tus rosadas cumbres
y en procesión de besos, cual río de montaña
que desciende ávido e imparable,
hacia el valle entre tus piernas
fueron mis manos como cuando te escribo.
Entonces...
Los gemidos y el temblor hicieron el resto.
Eras un ángel de luna en fuego
entre las sábanas flotantes al viento
y en la ventana, cual ladrón en acecho sentada,
las aves poetas de tus sentidos contorsionaban.
Entonces,
por la piel de tus rosadas cumbres
y en procesión de besos, cual río de montaña
que desciende ávido e imparable,
hacia el valle entre tus piernas
fueron mis manos como cuando te escribo.
Entonces...
Los gemidos y el temblor hicieron el resto.
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