Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aunque amante interés, tú me demuestras,
yo no podría aseverar que tú me amas;
ya que atisbo lo instintivo que se guarda
en secretísimo derecho, tu conciencia.
No determina que seas mala o buena seas,
el resguardar el intimismo de ese temple
que todo ser goza o padece ocultamente,
impredecible como el genio de una fiera.
Más, aunque cauto considero tus reservas,
coherente admito que me turba ese fervor
que a ramalazos de inconsciencia y efusión,
en dicho y lecho me dedicas fiel y obscena.
El que empeñado me vulnera la indolencia,
furtivo enciende cual antorcha mi ilusión,
e intrusamente me transita el corazón
como hábil hacker que atinó su contraseña.
yo no podría aseverar que tú me amas;
ya que atisbo lo instintivo que se guarda
en secretísimo derecho, tu conciencia.
No determina que seas mala o buena seas,
el resguardar el intimismo de ese temple
que todo ser goza o padece ocultamente,
impredecible como el genio de una fiera.
Más, aunque cauto considero tus reservas,
coherente admito que me turba ese fervor
que a ramalazos de inconsciencia y efusión,
en dicho y lecho me dedicas fiel y obscena.
El que empeñado me vulnera la indolencia,
furtivo enciende cual antorcha mi ilusión,
e intrusamente me transita el corazón
como hábil hacker que atinó su contraseña.