Autora Anonima
Poeta recién llegado
Cautivada estuve tentada por tu singular belleza,
tus gentiles gestos y tu caballerosidad de antaño,
tus frías manos, tus ojos marrones, cabello castaño,
y en tu mirada el sutil sentir de una tristeza.
Tus ojos tranquilos miraban mis pasos,
mis ojos serenos buscaban tus manos,
escondiendo miradas tras vanos intentos,
explicaciones más haya de nuestros entendimientos.
Callábamos lo importante tras velos de seda,
decíamos lo inefable con nuestros silencios,
fingíamos entre ambos irreales desprecios,
sentimientos ahogados que sin más congelan.
A tu lado el mundo pasaba desapercibido,
tu voz melodiosa me guiaba en el camino,
fuiste mentor, fuiste mi amigo,
labraste dulces caminos conmigo.
Tus modos y gestos, tan sutiles y gráciles,
provocaban en mi sensaciones indescriptibles,
perída del aliento, mi mente aturdida,
y mis palabras cobardes ante ti emprendían ágil huida.
Tantas cosas en tanto tiempo acaecieron,
mi natural estado de sobriedad supuestamente madura,
desprendió en mi aquella enfermedad sin cura,
amante enamorada del amor austero.
Tus detalles sin palabras impronunciables,
esos obsequios que a veces sin razón me dabas,
causaban en mi sensaciones indescriptibles,
que hacían pensar que realmente me amabas.
No sé si todo eso fue producto de mi imaginación inquieta,
o sí en verdad existían en ti sentimientos indiscutibles,
pero por ahora espero pacientemente que la saeta
marque en el reloj la hora exacta en que de nuevo me mires.
tus gentiles gestos y tu caballerosidad de antaño,
tus frías manos, tus ojos marrones, cabello castaño,
y en tu mirada el sutil sentir de una tristeza.
Tus ojos tranquilos miraban mis pasos,
mis ojos serenos buscaban tus manos,
escondiendo miradas tras vanos intentos,
explicaciones más haya de nuestros entendimientos.
Callábamos lo importante tras velos de seda,
decíamos lo inefable con nuestros silencios,
fingíamos entre ambos irreales desprecios,
sentimientos ahogados que sin más congelan.
A tu lado el mundo pasaba desapercibido,
tu voz melodiosa me guiaba en el camino,
fuiste mentor, fuiste mi amigo,
labraste dulces caminos conmigo.
Tus modos y gestos, tan sutiles y gráciles,
provocaban en mi sensaciones indescriptibles,
perída del aliento, mi mente aturdida,
y mis palabras cobardes ante ti emprendían ágil huida.
Tantas cosas en tanto tiempo acaecieron,
mi natural estado de sobriedad supuestamente madura,
desprendió en mi aquella enfermedad sin cura,
amante enamorada del amor austero.
Tus detalles sin palabras impronunciables,
esos obsequios que a veces sin razón me dabas,
causaban en mi sensaciones indescriptibles,
que hacían pensar que realmente me amabas.
No sé si todo eso fue producto de mi imaginación inquieta,
o sí en verdad existían en ti sentimientos indiscutibles,
pero por ahora espero pacientemente que la saeta
marque en el reloj la hora exacta en que de nuevo me mires.
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