Von Lioncourt
Poeta recién llegado
De acuerdo, amor de amores,
has tomado ya una decisión
y no seré capaz de reprocharte,
aunque mi corazón muera de amarte.
Jamás te odiaré, cariño mío,
simplemente me perderé,
me olvidaré incluso a mí misma,
desvaneciéndome en lóbrego silencio.
Pero también tú olvídame
asesinando cualquier recuerdo de mí,
no pronuncies de nuevo mi nombre,
no añores mi regreso en el crepúsculo naciente.
Ni aún en tu pensamiento
me evoques, vida mía,
que si por descuido o fiel deseo
lo llegas a hacer alguna vez,
sea que este cerca o lejos,
escucharé el clamor de tu alma,
y mis heridas superfluamente aliviadas,
inflamarán mi pecho,
aún ebrio de tu escencia.
Ya es hora, te vas de mi lado,
llevándote contigo todo el resplandor
que ayer seguía iluminando mi vivir;
mientras este mundo se oscurece,
las paredes de mi alrededor
se contraen, me sofocan,
se cierran más... y más.
Tu partida me esta robando el aliento,
y a través del velo de mis lágrimas,
puedo distinguir cómo es que te pierdo...
y es de noche y la nieve cae, suave,
fría y cortante.
Que te amo es lo único que le queda a mi ser;
me lacera el suplicio que he pagado por tu amor,
mas ¡no!, no lo cambiaría, no te obligaría...
porque ya sin mí, sé que estarás bien...
has tomado ya una decisión
y no seré capaz de reprocharte,
aunque mi corazón muera de amarte.
Jamás te odiaré, cariño mío,
simplemente me perderé,
me olvidaré incluso a mí misma,
desvaneciéndome en lóbrego silencio.
Pero también tú olvídame
asesinando cualquier recuerdo de mí,
no pronuncies de nuevo mi nombre,
no añores mi regreso en el crepúsculo naciente.
Ni aún en tu pensamiento
me evoques, vida mía,
que si por descuido o fiel deseo
lo llegas a hacer alguna vez,
sea que este cerca o lejos,
escucharé el clamor de tu alma,
y mis heridas superfluamente aliviadas,
inflamarán mi pecho,
aún ebrio de tu escencia.
Ya es hora, te vas de mi lado,
llevándote contigo todo el resplandor
que ayer seguía iluminando mi vivir;
mientras este mundo se oscurece,
las paredes de mi alrededor
se contraen, me sofocan,
se cierran más... y más.
Tu partida me esta robando el aliento,
y a través del velo de mis lágrimas,
puedo distinguir cómo es que te pierdo...
y es de noche y la nieve cae, suave,
fría y cortante.
Que te amo es lo único que le queda a mi ser;
me lacera el suplicio que he pagado por tu amor,
mas ¡no!, no lo cambiaría, no te obligaría...
porque ya sin mí, sé que estarás bien...