Absoluta
la noche, colmaba de pausa
a revoltosos del día.
Miraba yo. En realidad espiaba
a los árboles
y al agua soberana.
A ellos
les veía la nariz hundida, nubosa
como metida en un orgasmo de aire
que los embarazaba de luz.
A ella
oscura, escurriendo su alma
tensando el arco del adiós
sangrando susurros
coronando
al rey no encontrado.
Liberada, huía en capa de plata
marchando al silencio, segura
que no iba a atraparla.
Fría.
En la mía su mirada.
Me inundaba de distancia
clavándome en los ojos
el destierro de su vida.
Llegué a desearla
¡Y por un segundo fue mía!
Pero cautivado
sumergido en su orgullo
fui suyo para siempre.
la noche, colmaba de pausa
a revoltosos del día.
Miraba yo. En realidad espiaba
a los árboles
y al agua soberana.
A ellos
les veía la nariz hundida, nubosa
como metida en un orgasmo de aire
que los embarazaba de luz.
A ella
oscura, escurriendo su alma
tensando el arco del adiós
sangrando susurros
coronando
al rey no encontrado.
Liberada, huía en capa de plata
marchando al silencio, segura
que no iba a atraparla.
Fría.
En la mía su mirada.
Me inundaba de distancia
clavándome en los ojos
el destierro de su vida.
Llegué a desearla
¡Y por un segundo fue mía!
Pero cautivado
sumergido en su orgullo
fui suyo para siempre.