AntonioG
Poeta recién llegado
SER SENSUAL (FINALIZADO)
CAPÍTULO I
Antes de leer esto debo aclarar que en este texto no hay ningún pasaje erótico que se pueda deducir del título.
INDIVIDUOS
Las personas no llegamos a ver más allá de lo evidente y tornamos infantil la percepción individual que solo alguien capaz de sentir, de separarse de las masas puede descubrir para poder ver detrás de la pintura.
El ojo perforador que poseía Iván le hacía algo distinto a los demás chicos de su edad, no podía ser hipócrita como otros, le deprimían insignificancias de las que otros apenas se percataban por esto le consideraban algo tonto y fuera de lugar, sin embargo no podían apartarse de él puesto que los beneficios de su prodigalidad eran algo de lo que todos deseaban hacerse.
Clarisa no honraba a su nombre pues no tenía nada claro, sin ser una chica estúpida que va cayendo en cada vuelta de la vida, tampoco llegaba a ser lo contrario, tenía una serie de rasgos que le hacían ver pintoresca:
Permanecía en un interminable estado dubitativo que no le permitía reaccionar a la misma velocidad que los demás por lo que le consideraban lela, esto se debía a un problema de inseguridad que le blindaba de emociones bajas y sin embargo le tornaba sentimental. Su estatura estaba por debajo del promedio y aparentaba ser más pequeña aun, tanto que algunas veces parecía elevarse con la brisa, era pues muy delgada y su contextura ósea acentuaba esa natural falta de peso, su piel blanca pálida y sin rubor daba la impresión de que agonizaba eternamente, no se había desarrollado los últimos tres años y sus quince veranos vividos parecían una tomadura de cabello cruel.
Iván era alto a sus diecisiete años, de cabello negro profundo piel blanca algo bronceada y ojos pardos entristecidos o cansados de observar.
Entonces amaba con elemental cordura adolescente a una prodigiosa químico farmacéutica recién egresada de la universidad, quien había sufrido luchado e incluso humillado y pisoteado su orgullo para obtener los medios y sapiencia para abrir al público su pequeña pero envidiable farmacia LA LUZ que en última instancia era su vida materializada, cualquier persona que le conociera sentía inmediata confianza para llamarla por su apodo: Saza que derivaba de su nombre Sara Zapata o la señorita luz.
Saza no era lo que aparentaba pero ella misma incluso ignoraba su propia identidad, no podía ser considerada precisamente una mujer normal, de hecho eso a Iván le cautivaba, no le preocupaba su reputación así que cuando Iván llego a su negocio lo recibió con amabilidad. Al principio no se percató de cuánto ese adolescente podía sujetar su atención. Le consideraba un buen amigo que podía y tenía paciencia para escuchar sus desfasados sueños frustrados y valoró aún más aIván cuando descubrió que para él ella era admirable. Esta mescla de cariño, empatía y posición deificada le brindaba una sensación confortable que rápidamente degenero en estimulante hasta que la relación escalo en intensidad y temperatura hasta llegar al clímax y a continuación una pasajera demencia le impulsó a entregarse a una aventura, pero esta resulto demasiado corta, lo cierto es que cuando la fiebre paso como un tornado para desvanecerse luego dejando tras de sí su aplastante huella: Saza regresó a su lugar tras el mostrador y de allí no volvió a salir.
Iván no podía ir al ritmo de sus compañeros, le agotaba el trajinar veloz, violento y errante de los demás. El prefería paz y caminar despacio por los días y eso a esa edad muy pocos lo deseaban, a consecuencia mientras otros sentían monotonía Iván era feliz y cuando los demás se divertían él se deprimía. Consideraba que no había nada que valiera la pena incluso ninguna persona a su alrededor era lo suficientemente llevadera par esforzarse en soportarla.
Esta situación continúo Hasta que le hizo falta un analgésico, fue así como conoció a Saza, quien le atendió con su clásica cordialidad de anfitriona, con el tiempo cualquier excusa para visitar una farmacia se hizo válida para volver a pisar el blanco piso de mayólica de la luz. Hasta que una tarde sin trascendencia, mientras caminaba perdido en sus meditaciones, tropezó con una varilla de hierro incrustada en el pavimento, cayó de rodillas con imprevista violencia haciéndose una herida en dicha articulación. Ese fue el momento en el que su vacío corazón se llenó de luz.
Llego a LA LUZ apoyándose en los edificios, puesto que era la primera vez que se hacía una herida de esas dimensiones, no podía evitar exagerar el dolor al ver el color encarnado que lucía su rodilla. Casi agonizante atravesó el umbral ansioso por detener su sufrimiento y efectivamente encontró a su salvadora como era de costumbre leyendo una revista a la espera de un cliente, ella no pudo evitar sonreír algo enternecida por la actitud sobredimensionada del joven.
Saza le atendió con cordialidad sin poder dejar de sonreír, es que era un espectáculo gracioso ver a un chico sufrir tanto por una lesión insignificante. Pero Iván quedo hechizado por tan maravillosa mujer, su rebosante sabiduría le salpico el intelecto y mientras la farmacéutica de cabello rubio artificial le curaba la extremidad, él llego a admirarla. El dolor menguaba lentamente y al fin pudo notar que había extremado mentalmente su dolor, aun así no pudo evitar derramar unas pocas lágrimas que no noto brotar, al verlo Saza le secó el rostro con las yemas de los dedos mientras contenía una carcajada.
- Eres un llorón,- dijo mientras hacia un ademan indicando que ya había terminado- muy guapo, pero.
- Muchas gracias - replicó Iván repentinamente nervioso.
- Pues me caerían mejor unas monedas.-se hecho reír
Se miraron un instante tratando de descifrar lo que pensaban, pero al no lograrlo se sonrieron, Iván se sentía tonto y torpe y solo sonrió por imitación , esa persona a su lado despedía una especie de luz que llenaba el lugar y que penetraba en su corazón haciéndole sentir bien. Él sabía que la señorita tenía algo especial y aunque no tenía idea de que podía ser, la perspicacia que poseía le hacía actuar sin proponérselo.
- Me llamo Iván - murmuro con inseguridad.
- Yo soy Sara Zara - le miro a los ojos con una alegría incomprensible- solo llámame Saza.
Con el transcurrir del tiempo empezó a necesitar todo tipo de drogas y cuidados ridículos, eso a ella al principio le tenía sin cuidado pero a medida que Ivánaparecíaen la farmacia con mayor frecuencia y desenvoltura se divertía más con su presencia y pronto llego a esperar con expectativa la próxima enfermedad de su más asiduo cliente. En su interior crecía un sentimiento obtuso y enredado que no sabía definir, Iván era elegante en sus insistencias y aparentaba una madures inusual para su juventud, eso abrió lentamente la confianza y sentimientos de Saza.
Clarisa admiraba a Gustavo, un chico rústico pero cordial, que había crecido en el mismo barrio que ella. Por alguna razón incomprensible Gustavo era exitoso en todo lo que hacía y se proponía, como estudiante, deportista y líder estaba entre los más destacado, además su jovialidad le abría puertas que resultaban inalcanzables para Clarisa, por eso deseaba ser como él o almenos estar a su lado.
Para Gustavo sin embargo, clarisa era una chica deprimida o enferma que no le importaba, pero le trataba con amabilidad y aparente afecto debido a que sus familias tenían una relación muy estrecha y a consecuencia durante niños fueron muy apegados, sin embargo la diferencia de caracteres les separo rápidamente en cuanto se hicieron adolescentes.
Clarisa solía subir a la azotea del colegio durante el receso para devorar los bocadillos que traía de casa para paliar el hambre, se sentaba en la terraza porque a menudo no tenía con quien pasar las horas libres y prefería estar más cerca del cielo que deambular por el patio buscando alguien dispuesto a soportarla. Desde lo alto observaba con algo de celos la felicidad de los demás estudiantes que sí tenían compañía, sin saber que en una parte escondida por una pared a medio construir y por un montón de chatarra se acomodaba ocasionalmente Iván, durante casi cinco años hacían eso y no se habían visto ni presentido jamás. Ambos eran devotos del silencio.
CAPÍTULO II
LA AZOTEA
El fin de ciclo se acercaba y todos los estudiantes buscaban con apremio alguien con quien asistir al baile de promoción, como era de esperarse obviamente clarisa no tenía con quien ir y aunque era muy realista, esta vez el deseo inherente de asistir, que solía desvanecerse rápidamente esta vez fue creciendo lentamente hasta que una mañana al despertar sintió ansias por primera vez y mirando las cuatro paredes de su habitación, decoradas con mal gusto, pensó en alguien que le acompañara y por supuesto esa persona no podía ser otro que Gustavo.
La ocasión no podía ser más desafortunada para Gustavo, hace tres días había terminado con su última novia lo que significaba que repentinamente se había quedado sin acompañante para esa gala. Desesperado empezó a pedir a cuanta chica se le cruzaba por enfrente que fuese su pareja para la fiesta de graduación, sin embargo ya todas estaban comprometidas, eso alimento la ligera esperanza de clarisa pues creía que tal vez al verse sin alternativas se lo pediría a ella. Sin embargo aunque clarisa espero con optimismo a que Gustavo se le acercara pero este parecía haber desistido y mostrándose pálido y deprimido dejo de acosar a las estudiantes con su insistente súplica, esto decepciono enormemente a clarisa, sin embargo no se dio por vencida.
Después de trastabillar y deshojar una flor imaginaria, alcanzó un arrebato de coraje que le dio fortaleza para acercarse al muchacho, se paró frente a él dispuesta a hablar pero la lengua se le trabo, no quería desistir así que haciendo un gran esfuerzo que lució extraño logro menguar su apocamiento lo suficiente para decir:
- Gustavo yo me preguntaba si vas a ir al baile de promoción.
- Creo que no- respondió de inmediato
- Bueno -clarisa se estremeció embargada por la arritmia de su enamorado corazón- quizá podríamos ir juntos...
- Ah -Gustavo cruzo los brazos despreocupadamente y luego de una mueca oculta e indescifrable se rasco la cabeza al hablar- no, no pienso ir.
Él sabía que aceptar asistir con un aislado personaje como ella sería demasiado bochornoso y provocaría la burla de sus amigos, no era personal, había muchas chicas desdichadas como su vecina pero él no era un príncipe fraternal dispuesto a rescatar a alguna.
Esa respuesta trituro el alma de clarisa y mientras se retiraba casi a rastras podía sentir como dentro del pecho se le rompía el espíritu, su cuerpo temblaba mientras resistía el nacimiento de una lágrima y tropezando con las invisibles irregularidades del piso de cemento, se deslizo por pasillos y escaleras hasta llegar a la azotea. Se sentó como siempre en el lugar más elevado dese donde podía apreciar el patio de la escuela, miro al cielo y luego sus manos, una vez más se sentía tonta y demasiado soñadora, no estaba enfadada con Gustavo sino con ella misma ¡había puesto tanto empeño para reunir valor para hablarle!... y espero tanto que al recibir nada se apreció ridícula, como un patito feo soñando con ser cisne, pensando en ello no pudo soportar más la presión fantasmal que sentía en el pecho y poco apoco las lágrimas se fueron acumulando en sus retinas hasta derramarse como pequeños torrentes que atravesaron raudos sus mejillas, el llanto contenido le aprisionaba la garganta y le impedía respirar, eso le hacía gemir.
Iván escucho un sollozo que al principio ignoro, pero este se hizo tan intenso que rompió su paz, a consecuencia se incorporó molesto y refunfuñando, no obstante enseguida le pareció curioso que hubiese alguien más en aquel lugar puesto que por el tono de la voz reconoció de inmediato que no se trataba de ningún empleado arto de su vida. Así que llevado por la curiosidad y el deseo de reprochar a alguien se acercó midiendo sus pasos hasta el lugar de donde provenía el murmullo. Lo que vio no le inquieto pero si le sorprendió ¿Por qué una chica venía a llorar a la sucia azotea en lugar de buscar consuelo en los brazos de sus amigas? Su interrogante recibió automáticamente una respuesta cuando percibió la palidez de la muchacha, no era circunstancial ni producto de una enfermedad: esa era una adolescente rara.
Cuando al fin clarisa pudo controlar su llanto respiro calmadamente para incorporarse luego, sin embargo al levantar la mirada vio a un sujeto que le observaba insistentemente, eso le asusto porque en todo ese tiempo nunca se había topado con nadie es ese lugar, así que trato de escapar más al dar unos cuantos pasos sus piernas se doblaron adormecidas y cayo pesadamente al piso.
- ¿Estás bien?-balbuceo Iván mientras daba un paso hacia atrás-no quise asustarte - iba a continuar hablando pero vio en la rodilla izquierda de la chica una herida bastante desagradable, al menos para él, así que sin proponérselo se acercó para ayudarle a incorporarse; la proximidad de ese extraño aumentó los nervios y bochorno de Clarisa, quien al no saber qué actitud tomar solo pudo encogerse con la piel erizada.
El impulso de ayudar pronto se desvaneció en Iván que no veía razón alguna para interactuar con una desconocida si ya se había disculpado, a consecuencia caminó hacia las escaleras dispuesto a marcharse pero un escalofrío tenso le detuvo y simultáneamente una luz le alumbró la mente: era la excusa perfecta para volver a ver a Saza sin que pareciera personal.
- Hay una farmacia cerca, allí te limpiaran la herida- clarisa quiso responder algo, quizá no es necesario, en la escuela hay una sala de enfermería pero no supo articular palabra alguna, solo abrió la boca sin producir sonido alguno, a Iván sin embargo eso le pareció suficiente y toscamente le arrastro a La Luz. Clarisa tenía la mente bloqueada y no podía pensar coherentemente, así que cada instante le llenaba de más incertidumbre.
Al llegar a la farmacia Iván se detuvo para secarse el sudor frio que le producía la neblina, el aliento cercano de esa chica y la ansiedad por volver a ver a Saza. Aun temblando espió tontamente para asegurarse de no ser impertinente, la farmacia estaba vacía, Saza sentada tras el mostrador veía su novela matutina en un diminuto aparato de televisión, LA LUZ irradiaba claridad con sus potentes fluorescente a la calle húmeda hecha de paredes grises de viejas casonas a través de las cuales se deslizaba como el humo de un cigarrillo, el aliento del mar, que escalaba desde las playas, por acantilados y barrios acumulándose en la calles sin ventilación como fantasmas de inverno, pero esa farmacia era inmune a la tempestad parecía traído de otra latitud, como un oasis de calor.
Iván tomo un suspiro profundo, practicó su actitud mentalmente, miro de reojo a la chica pálida, le lanzo una mirada impositiva, tomo su mano fría y pequeña y finalmente se impulsó hacia el interior, Saza se incorporó tan pronto los vio y busco en sus faccionesel semblante de perfecta anfitriona, pero esta vez le resulto más difícil sonreír quizá porque el frio adormece los músculos, incluso lo que te permiten sonreír, o quizá fue porque le sorprendió volver a ver a Iván.
- ¿puedes atenderle?-hablo nerviosamente Iván, mientras de su boca salía aire caliente entorpeciendo la visibilidad como si se tratara de un escudo para no verse a la cara. Saza miro a la chica analíticamente y con su típica sonrisa abrió la puerta de su pequeña sala de atención haciendo un ademan para que clarisa entre.
Iván no tuvo coraje para entrar también así que se quedó frente al mostrador observando con tristeza la silla en la que Saza se sentaba todos los días casi todo el día; no era la primera vez que Clarisa y la farmacéutica se veían, la estudiante había comprado varias veces algunos antibióticos, pero era imposible para Saza reconocer a todos sus clientes así que ambas se observaron disimuladamente, Clarisa estaba deslumbrada por la belleza y calidez de la médico, Saza estaba asombrada de lo pálida y frágil que se veía esa niña, pero ambas se sentían interesas mutuamente, como si pudiesen darse cuenta de cuan especial era cada una.
- ¿Cuándo será la fiesta de graduación del colegio?- interrogo Saza mientras aplicaba una pomada en la piel rasgada de la estudiante
- El sábado -replico de inmediato clarisa, que estaba ansiosa por marcharse
- Descuida, esto no te impedirá bailar- le miro directamente con sus palpitantes ojos claros- estarás bien- sonrió mientras hacia un ademan indicando que ya había terminado.
Clarisa trago saliva, y se apresto a salir pero un ligero escalofrío le detuvo, el pecho volvió a dolerle como en la azotea impidiéndole caminar
- No iré a la fiesta -susurro para sí misma con la ilusión destruida, había sido muy optimista.
- ¿Por qué no?... cuando yo era colegiala no me perdí ninguno- la brillante personalidad de la farmacéutica hostigaba a clarisa, le hacía sentirse diminuta e insignificante.
Ambas salieron de la sala y clarisa rápidamente empujo la puerta del mostrador para escabullirse lejos de Saza, en ese instante los tres se miraron sin saber que decir, Iván veía su visita terminada sin que hubiese dicho nada, clarisa se preocupaba porque no tenía ni una sola moneda para pagar por el servicio y Saza se hallaba perdida en sus recuerdos, en ideas absurdas. La farmacia se fue llenando del vapor que salía de los alientos nerviosos de los tres, este subía hasta el techo y arremolinándose alrededor del fluorescente daba la impresión de estar en una caverna, los ojos verdes postizos se Saza se clavaron repentinamente en la mirada de clarisa, ésta intimidada se encogió:
- No tengo dinero ahora, vendré mañana a pagar, discúlpeme.
Entonces la rubia se volvió hacia Iván sin ninguna mueca que dieran señales de sus intenciones, esa mirada recorrió el alma de Iván que se sentía desnudo ante ella, sin embargo rápidamente parpadeo repetidas veces, bajo fugazmente el semblante y enseguida como si se hubiera puesto una máscara, una enorme sonrisa nació en su blanco rostro y extendiendo los brazos, como una deidad benévola o como una niña pidiendo un abrazo exclamo:
- ¡pues no se diga más, iremos todos juntos a la fiesta del colegio!
Clarisa se atraganto con una bocanada de aire frio y abrió la boca pasmada, se sintió mareada, Iván miro fijamente a Saza sin poder descubrir nada en su careta, entonces un rubor de felicidad le recorrió el cuerpo pasaría tiempo con su amada no pudo evitar a consecuencia una pequeña sonrisa de satisfacción. Saza sin embargo tenía la cabeza martillada por un remordimiento preambular.
- Es buena idea replico Iván cuan pronto hubo salido de su abstracción.
- Entonces no se diga más sonrió candorosamente la farmacéutica, sin embargo Clarisa sintió revuelto el estómago así que torpemente se dirigió al umbral pensando solo en escapar de esos individuos extravagantes.
- ¡Aguarda! exclamo Saza tengo algo para ti.
Clarisa volvió el rostro automáticamente y vio que Saza se acercaba, eso le hizo estremecerse, no podía consentir un instante más la cercanía de tan disímil ser; sin embargo quedo inmovilizada ante la perspectiva y tan solo en un parpadeo los rubios cabellos de la chica se estrellaron suavemente contra su rostro mientras unos cálidos brazos rodearon su cuello colocándole una cadenita de plata.
- Es para tí, para que lo uses durante la velada.
La pálida adolescente quedó anonadada con el corazón en la boca; no sabía cómo reaccionar ¿tan miserable se veía hasta el punto de que una extraña se apiade de ella?, en un instante de indignación sintió el impulso de golpear a la rubia mujer y tirar la gargantilla despreciativamente, pero solo apretó el puño con rabia y se echó a andar rumbo a casa.
No había caminado mucho cuando noto que a varios metros atrás Iván le seguía, eso le inquieto ligeramente pero sin embargo decidió ignorar su presencia. La chica avanzaba lentamente entre la pesada neblina que bloqueaba la vista, su andar dificultoso y penoso le hacía parecer una figura que había caído a la vía desde la fachada de alguna iglesia barroca, pero Iván solo observaba con la respiración entrecortada por el frio, mientras trataba de memorizar la ruta.
Clarisa se detuvo repentinamente en la berma y se quedó inmóvil frente a la calzada, cuando finalmente Iván le dio alcance se paró junto a ella para hacerle notar su presencia; entonces se miraron de reojo sin saber qué hacer.
- No necesitar regresar a pagar susurró Iván ya lo hice yo... Clarisa quiso responder algo cortes y tratar de asumir su deuda pero no tubo entereza para hablar, solo le miro con un gesto de interrogación es mi responsabilidad, yo te asuste.
Un viento suave creo remolinos en la niebla y levanto el largo cabello de la estudiante haciéndolo ondear al vaivén de la brisa, esos hilos negros y delicados se estrellaron en el rostro de Iván, entonces un dejavú le inundo la mente: cuando Saza le curo por primera vez, sus cabellos rubios se posaron en su rostro y sintió el mismo estremecimiento que abrigaba esta vez.
- Deberías cortarte el cabello. habló pausadamente te sentaría mejor.
Repentinamente un autobús de servicio público se detuvo e inmediatamente de entre la neblina se irguieron varias personas que se apresuraron en abordar la unidad. Clarisa se arregló el cabello, suspiró y subió pasiblemente, recién entonces descubrió que habían estado esperando un colectivo en un paradero.
El vehículo se detuvo nuevamente y ambos bajaron, la chica caminó presurosa por calles mal cuidadas y bordeadas de pobres casas heterogéneas, hasta detenerse frente a la fachada de una. En ese momento se percató de que no tenía consigo su bolso y por ende tampoco la llave de su vivienda, eso le hizo llevarse las manos a la cabeza para reprenderse.
- ¿esa es tu casa? Entonces vendré viernes a las siete. sentenció mientras extendía la mano para entregarle la mochila que venía cargando desde la azotea. dile a tu padre que iras al baile con Iván, un amigo.
continuara...
CAPÍTULO I
Antes de leer esto debo aclarar que en este texto no hay ningún pasaje erótico que se pueda deducir del título.
INDIVIDUOS
Las personas no llegamos a ver más allá de lo evidente y tornamos infantil la percepción individual que solo alguien capaz de sentir, de separarse de las masas puede descubrir para poder ver detrás de la pintura.
El ojo perforador que poseía Iván le hacía algo distinto a los demás chicos de su edad, no podía ser hipócrita como otros, le deprimían insignificancias de las que otros apenas se percataban por esto le consideraban algo tonto y fuera de lugar, sin embargo no podían apartarse de él puesto que los beneficios de su prodigalidad eran algo de lo que todos deseaban hacerse.
Clarisa no honraba a su nombre pues no tenía nada claro, sin ser una chica estúpida que va cayendo en cada vuelta de la vida, tampoco llegaba a ser lo contrario, tenía una serie de rasgos que le hacían ver pintoresca:
Permanecía en un interminable estado dubitativo que no le permitía reaccionar a la misma velocidad que los demás por lo que le consideraban lela, esto se debía a un problema de inseguridad que le blindaba de emociones bajas y sin embargo le tornaba sentimental. Su estatura estaba por debajo del promedio y aparentaba ser más pequeña aun, tanto que algunas veces parecía elevarse con la brisa, era pues muy delgada y su contextura ósea acentuaba esa natural falta de peso, su piel blanca pálida y sin rubor daba la impresión de que agonizaba eternamente, no se había desarrollado los últimos tres años y sus quince veranos vividos parecían una tomadura de cabello cruel.
Iván era alto a sus diecisiete años, de cabello negro profundo piel blanca algo bronceada y ojos pardos entristecidos o cansados de observar.
Entonces amaba con elemental cordura adolescente a una prodigiosa químico farmacéutica recién egresada de la universidad, quien había sufrido luchado e incluso humillado y pisoteado su orgullo para obtener los medios y sapiencia para abrir al público su pequeña pero envidiable farmacia LA LUZ que en última instancia era su vida materializada, cualquier persona que le conociera sentía inmediata confianza para llamarla por su apodo: Saza que derivaba de su nombre Sara Zapata o la señorita luz.
Saza no era lo que aparentaba pero ella misma incluso ignoraba su propia identidad, no podía ser considerada precisamente una mujer normal, de hecho eso a Iván le cautivaba, no le preocupaba su reputación así que cuando Iván llego a su negocio lo recibió con amabilidad. Al principio no se percató de cuánto ese adolescente podía sujetar su atención. Le consideraba un buen amigo que podía y tenía paciencia para escuchar sus desfasados sueños frustrados y valoró aún más aIván cuando descubrió que para él ella era admirable. Esta mescla de cariño, empatía y posición deificada le brindaba una sensación confortable que rápidamente degenero en estimulante hasta que la relación escalo en intensidad y temperatura hasta llegar al clímax y a continuación una pasajera demencia le impulsó a entregarse a una aventura, pero esta resulto demasiado corta, lo cierto es que cuando la fiebre paso como un tornado para desvanecerse luego dejando tras de sí su aplastante huella: Saza regresó a su lugar tras el mostrador y de allí no volvió a salir.
Iván no podía ir al ritmo de sus compañeros, le agotaba el trajinar veloz, violento y errante de los demás. El prefería paz y caminar despacio por los días y eso a esa edad muy pocos lo deseaban, a consecuencia mientras otros sentían monotonía Iván era feliz y cuando los demás se divertían él se deprimía. Consideraba que no había nada que valiera la pena incluso ninguna persona a su alrededor era lo suficientemente llevadera par esforzarse en soportarla.
Esta situación continúo Hasta que le hizo falta un analgésico, fue así como conoció a Saza, quien le atendió con su clásica cordialidad de anfitriona, con el tiempo cualquier excusa para visitar una farmacia se hizo válida para volver a pisar el blanco piso de mayólica de la luz. Hasta que una tarde sin trascendencia, mientras caminaba perdido en sus meditaciones, tropezó con una varilla de hierro incrustada en el pavimento, cayó de rodillas con imprevista violencia haciéndose una herida en dicha articulación. Ese fue el momento en el que su vacío corazón se llenó de luz.
Llego a LA LUZ apoyándose en los edificios, puesto que era la primera vez que se hacía una herida de esas dimensiones, no podía evitar exagerar el dolor al ver el color encarnado que lucía su rodilla. Casi agonizante atravesó el umbral ansioso por detener su sufrimiento y efectivamente encontró a su salvadora como era de costumbre leyendo una revista a la espera de un cliente, ella no pudo evitar sonreír algo enternecida por la actitud sobredimensionada del joven.
Saza le atendió con cordialidad sin poder dejar de sonreír, es que era un espectáculo gracioso ver a un chico sufrir tanto por una lesión insignificante. Pero Iván quedo hechizado por tan maravillosa mujer, su rebosante sabiduría le salpico el intelecto y mientras la farmacéutica de cabello rubio artificial le curaba la extremidad, él llego a admirarla. El dolor menguaba lentamente y al fin pudo notar que había extremado mentalmente su dolor, aun así no pudo evitar derramar unas pocas lágrimas que no noto brotar, al verlo Saza le secó el rostro con las yemas de los dedos mientras contenía una carcajada.
- Eres un llorón,- dijo mientras hacia un ademan indicando que ya había terminado- muy guapo, pero.
- Muchas gracias - replicó Iván repentinamente nervioso.
- Pues me caerían mejor unas monedas.-se hecho reír
Se miraron un instante tratando de descifrar lo que pensaban, pero al no lograrlo se sonrieron, Iván se sentía tonto y torpe y solo sonrió por imitación , esa persona a su lado despedía una especie de luz que llenaba el lugar y que penetraba en su corazón haciéndole sentir bien. Él sabía que la señorita tenía algo especial y aunque no tenía idea de que podía ser, la perspicacia que poseía le hacía actuar sin proponérselo.
- Me llamo Iván - murmuro con inseguridad.
- Yo soy Sara Zara - le miro a los ojos con una alegría incomprensible- solo llámame Saza.
Con el transcurrir del tiempo empezó a necesitar todo tipo de drogas y cuidados ridículos, eso a ella al principio le tenía sin cuidado pero a medida que Ivánaparecíaen la farmacia con mayor frecuencia y desenvoltura se divertía más con su presencia y pronto llego a esperar con expectativa la próxima enfermedad de su más asiduo cliente. En su interior crecía un sentimiento obtuso y enredado que no sabía definir, Iván era elegante en sus insistencias y aparentaba una madures inusual para su juventud, eso abrió lentamente la confianza y sentimientos de Saza.
Clarisa admiraba a Gustavo, un chico rústico pero cordial, que había crecido en el mismo barrio que ella. Por alguna razón incomprensible Gustavo era exitoso en todo lo que hacía y se proponía, como estudiante, deportista y líder estaba entre los más destacado, además su jovialidad le abría puertas que resultaban inalcanzables para Clarisa, por eso deseaba ser como él o almenos estar a su lado.
Para Gustavo sin embargo, clarisa era una chica deprimida o enferma que no le importaba, pero le trataba con amabilidad y aparente afecto debido a que sus familias tenían una relación muy estrecha y a consecuencia durante niños fueron muy apegados, sin embargo la diferencia de caracteres les separo rápidamente en cuanto se hicieron adolescentes.
Clarisa solía subir a la azotea del colegio durante el receso para devorar los bocadillos que traía de casa para paliar el hambre, se sentaba en la terraza porque a menudo no tenía con quien pasar las horas libres y prefería estar más cerca del cielo que deambular por el patio buscando alguien dispuesto a soportarla. Desde lo alto observaba con algo de celos la felicidad de los demás estudiantes que sí tenían compañía, sin saber que en una parte escondida por una pared a medio construir y por un montón de chatarra se acomodaba ocasionalmente Iván, durante casi cinco años hacían eso y no se habían visto ni presentido jamás. Ambos eran devotos del silencio.
CAPÍTULO II
LA AZOTEA
El fin de ciclo se acercaba y todos los estudiantes buscaban con apremio alguien con quien asistir al baile de promoción, como era de esperarse obviamente clarisa no tenía con quien ir y aunque era muy realista, esta vez el deseo inherente de asistir, que solía desvanecerse rápidamente esta vez fue creciendo lentamente hasta que una mañana al despertar sintió ansias por primera vez y mirando las cuatro paredes de su habitación, decoradas con mal gusto, pensó en alguien que le acompañara y por supuesto esa persona no podía ser otro que Gustavo.
La ocasión no podía ser más desafortunada para Gustavo, hace tres días había terminado con su última novia lo que significaba que repentinamente se había quedado sin acompañante para esa gala. Desesperado empezó a pedir a cuanta chica se le cruzaba por enfrente que fuese su pareja para la fiesta de graduación, sin embargo ya todas estaban comprometidas, eso alimento la ligera esperanza de clarisa pues creía que tal vez al verse sin alternativas se lo pediría a ella. Sin embargo aunque clarisa espero con optimismo a que Gustavo se le acercara pero este parecía haber desistido y mostrándose pálido y deprimido dejo de acosar a las estudiantes con su insistente súplica, esto decepciono enormemente a clarisa, sin embargo no se dio por vencida.
Después de trastabillar y deshojar una flor imaginaria, alcanzó un arrebato de coraje que le dio fortaleza para acercarse al muchacho, se paró frente a él dispuesta a hablar pero la lengua se le trabo, no quería desistir así que haciendo un gran esfuerzo que lució extraño logro menguar su apocamiento lo suficiente para decir:
- Gustavo yo me preguntaba si vas a ir al baile de promoción.
- Creo que no- respondió de inmediato
- Bueno -clarisa se estremeció embargada por la arritmia de su enamorado corazón- quizá podríamos ir juntos...
- Ah -Gustavo cruzo los brazos despreocupadamente y luego de una mueca oculta e indescifrable se rasco la cabeza al hablar- no, no pienso ir.
Él sabía que aceptar asistir con un aislado personaje como ella sería demasiado bochornoso y provocaría la burla de sus amigos, no era personal, había muchas chicas desdichadas como su vecina pero él no era un príncipe fraternal dispuesto a rescatar a alguna.
Esa respuesta trituro el alma de clarisa y mientras se retiraba casi a rastras podía sentir como dentro del pecho se le rompía el espíritu, su cuerpo temblaba mientras resistía el nacimiento de una lágrima y tropezando con las invisibles irregularidades del piso de cemento, se deslizo por pasillos y escaleras hasta llegar a la azotea. Se sentó como siempre en el lugar más elevado dese donde podía apreciar el patio de la escuela, miro al cielo y luego sus manos, una vez más se sentía tonta y demasiado soñadora, no estaba enfadada con Gustavo sino con ella misma ¡había puesto tanto empeño para reunir valor para hablarle!... y espero tanto que al recibir nada se apreció ridícula, como un patito feo soñando con ser cisne, pensando en ello no pudo soportar más la presión fantasmal que sentía en el pecho y poco apoco las lágrimas se fueron acumulando en sus retinas hasta derramarse como pequeños torrentes que atravesaron raudos sus mejillas, el llanto contenido le aprisionaba la garganta y le impedía respirar, eso le hacía gemir.
Iván escucho un sollozo que al principio ignoro, pero este se hizo tan intenso que rompió su paz, a consecuencia se incorporó molesto y refunfuñando, no obstante enseguida le pareció curioso que hubiese alguien más en aquel lugar puesto que por el tono de la voz reconoció de inmediato que no se trataba de ningún empleado arto de su vida. Así que llevado por la curiosidad y el deseo de reprochar a alguien se acercó midiendo sus pasos hasta el lugar de donde provenía el murmullo. Lo que vio no le inquieto pero si le sorprendió ¿Por qué una chica venía a llorar a la sucia azotea en lugar de buscar consuelo en los brazos de sus amigas? Su interrogante recibió automáticamente una respuesta cuando percibió la palidez de la muchacha, no era circunstancial ni producto de una enfermedad: esa era una adolescente rara.
Cuando al fin clarisa pudo controlar su llanto respiro calmadamente para incorporarse luego, sin embargo al levantar la mirada vio a un sujeto que le observaba insistentemente, eso le asusto porque en todo ese tiempo nunca se había topado con nadie es ese lugar, así que trato de escapar más al dar unos cuantos pasos sus piernas se doblaron adormecidas y cayo pesadamente al piso.
- ¿Estás bien?-balbuceo Iván mientras daba un paso hacia atrás-no quise asustarte - iba a continuar hablando pero vio en la rodilla izquierda de la chica una herida bastante desagradable, al menos para él, así que sin proponérselo se acercó para ayudarle a incorporarse; la proximidad de ese extraño aumentó los nervios y bochorno de Clarisa, quien al no saber qué actitud tomar solo pudo encogerse con la piel erizada.
El impulso de ayudar pronto se desvaneció en Iván que no veía razón alguna para interactuar con una desconocida si ya se había disculpado, a consecuencia caminó hacia las escaleras dispuesto a marcharse pero un escalofrío tenso le detuvo y simultáneamente una luz le alumbró la mente: era la excusa perfecta para volver a ver a Saza sin que pareciera personal.
- Hay una farmacia cerca, allí te limpiaran la herida- clarisa quiso responder algo, quizá no es necesario, en la escuela hay una sala de enfermería pero no supo articular palabra alguna, solo abrió la boca sin producir sonido alguno, a Iván sin embargo eso le pareció suficiente y toscamente le arrastro a La Luz. Clarisa tenía la mente bloqueada y no podía pensar coherentemente, así que cada instante le llenaba de más incertidumbre.
Al llegar a la farmacia Iván se detuvo para secarse el sudor frio que le producía la neblina, el aliento cercano de esa chica y la ansiedad por volver a ver a Saza. Aun temblando espió tontamente para asegurarse de no ser impertinente, la farmacia estaba vacía, Saza sentada tras el mostrador veía su novela matutina en un diminuto aparato de televisión, LA LUZ irradiaba claridad con sus potentes fluorescente a la calle húmeda hecha de paredes grises de viejas casonas a través de las cuales se deslizaba como el humo de un cigarrillo, el aliento del mar, que escalaba desde las playas, por acantilados y barrios acumulándose en la calles sin ventilación como fantasmas de inverno, pero esa farmacia era inmune a la tempestad parecía traído de otra latitud, como un oasis de calor.
Iván tomo un suspiro profundo, practicó su actitud mentalmente, miro de reojo a la chica pálida, le lanzo una mirada impositiva, tomo su mano fría y pequeña y finalmente se impulsó hacia el interior, Saza se incorporó tan pronto los vio y busco en sus faccionesel semblante de perfecta anfitriona, pero esta vez le resulto más difícil sonreír quizá porque el frio adormece los músculos, incluso lo que te permiten sonreír, o quizá fue porque le sorprendió volver a ver a Iván.
- ¿puedes atenderle?-hablo nerviosamente Iván, mientras de su boca salía aire caliente entorpeciendo la visibilidad como si se tratara de un escudo para no verse a la cara. Saza miro a la chica analíticamente y con su típica sonrisa abrió la puerta de su pequeña sala de atención haciendo un ademan para que clarisa entre.
Iván no tuvo coraje para entrar también así que se quedó frente al mostrador observando con tristeza la silla en la que Saza se sentaba todos los días casi todo el día; no era la primera vez que Clarisa y la farmacéutica se veían, la estudiante había comprado varias veces algunos antibióticos, pero era imposible para Saza reconocer a todos sus clientes así que ambas se observaron disimuladamente, Clarisa estaba deslumbrada por la belleza y calidez de la médico, Saza estaba asombrada de lo pálida y frágil que se veía esa niña, pero ambas se sentían interesas mutuamente, como si pudiesen darse cuenta de cuan especial era cada una.
- ¿Cuándo será la fiesta de graduación del colegio?- interrogo Saza mientras aplicaba una pomada en la piel rasgada de la estudiante
- El sábado -replico de inmediato clarisa, que estaba ansiosa por marcharse
- Descuida, esto no te impedirá bailar- le miro directamente con sus palpitantes ojos claros- estarás bien- sonrió mientras hacia un ademan indicando que ya había terminado.
Clarisa trago saliva, y se apresto a salir pero un ligero escalofrío le detuvo, el pecho volvió a dolerle como en la azotea impidiéndole caminar
- No iré a la fiesta -susurro para sí misma con la ilusión destruida, había sido muy optimista.
- ¿Por qué no?... cuando yo era colegiala no me perdí ninguno- la brillante personalidad de la farmacéutica hostigaba a clarisa, le hacía sentirse diminuta e insignificante.
Ambas salieron de la sala y clarisa rápidamente empujo la puerta del mostrador para escabullirse lejos de Saza, en ese instante los tres se miraron sin saber que decir, Iván veía su visita terminada sin que hubiese dicho nada, clarisa se preocupaba porque no tenía ni una sola moneda para pagar por el servicio y Saza se hallaba perdida en sus recuerdos, en ideas absurdas. La farmacia se fue llenando del vapor que salía de los alientos nerviosos de los tres, este subía hasta el techo y arremolinándose alrededor del fluorescente daba la impresión de estar en una caverna, los ojos verdes postizos se Saza se clavaron repentinamente en la mirada de clarisa, ésta intimidada se encogió:
- No tengo dinero ahora, vendré mañana a pagar, discúlpeme.
Entonces la rubia se volvió hacia Iván sin ninguna mueca que dieran señales de sus intenciones, esa mirada recorrió el alma de Iván que se sentía desnudo ante ella, sin embargo rápidamente parpadeo repetidas veces, bajo fugazmente el semblante y enseguida como si se hubiera puesto una máscara, una enorme sonrisa nació en su blanco rostro y extendiendo los brazos, como una deidad benévola o como una niña pidiendo un abrazo exclamo:
- ¡pues no se diga más, iremos todos juntos a la fiesta del colegio!
Clarisa se atraganto con una bocanada de aire frio y abrió la boca pasmada, se sintió mareada, Iván miro fijamente a Saza sin poder descubrir nada en su careta, entonces un rubor de felicidad le recorrió el cuerpo pasaría tiempo con su amada no pudo evitar a consecuencia una pequeña sonrisa de satisfacción. Saza sin embargo tenía la cabeza martillada por un remordimiento preambular.
- Es buena idea replico Iván cuan pronto hubo salido de su abstracción.
- Entonces no se diga más sonrió candorosamente la farmacéutica, sin embargo Clarisa sintió revuelto el estómago así que torpemente se dirigió al umbral pensando solo en escapar de esos individuos extravagantes.
- ¡Aguarda! exclamo Saza tengo algo para ti.
Clarisa volvió el rostro automáticamente y vio que Saza se acercaba, eso le hizo estremecerse, no podía consentir un instante más la cercanía de tan disímil ser; sin embargo quedo inmovilizada ante la perspectiva y tan solo en un parpadeo los rubios cabellos de la chica se estrellaron suavemente contra su rostro mientras unos cálidos brazos rodearon su cuello colocándole una cadenita de plata.
- Es para tí, para que lo uses durante la velada.
La pálida adolescente quedó anonadada con el corazón en la boca; no sabía cómo reaccionar ¿tan miserable se veía hasta el punto de que una extraña se apiade de ella?, en un instante de indignación sintió el impulso de golpear a la rubia mujer y tirar la gargantilla despreciativamente, pero solo apretó el puño con rabia y se echó a andar rumbo a casa.
No había caminado mucho cuando noto que a varios metros atrás Iván le seguía, eso le inquieto ligeramente pero sin embargo decidió ignorar su presencia. La chica avanzaba lentamente entre la pesada neblina que bloqueaba la vista, su andar dificultoso y penoso le hacía parecer una figura que había caído a la vía desde la fachada de alguna iglesia barroca, pero Iván solo observaba con la respiración entrecortada por el frio, mientras trataba de memorizar la ruta.
Clarisa se detuvo repentinamente en la berma y se quedó inmóvil frente a la calzada, cuando finalmente Iván le dio alcance se paró junto a ella para hacerle notar su presencia; entonces se miraron de reojo sin saber qué hacer.
- No necesitar regresar a pagar susurró Iván ya lo hice yo... Clarisa quiso responder algo cortes y tratar de asumir su deuda pero no tubo entereza para hablar, solo le miro con un gesto de interrogación es mi responsabilidad, yo te asuste.
Un viento suave creo remolinos en la niebla y levanto el largo cabello de la estudiante haciéndolo ondear al vaivén de la brisa, esos hilos negros y delicados se estrellaron en el rostro de Iván, entonces un dejavú le inundo la mente: cuando Saza le curo por primera vez, sus cabellos rubios se posaron en su rostro y sintió el mismo estremecimiento que abrigaba esta vez.
- Deberías cortarte el cabello. habló pausadamente te sentaría mejor.
Repentinamente un autobús de servicio público se detuvo e inmediatamente de entre la neblina se irguieron varias personas que se apresuraron en abordar la unidad. Clarisa se arregló el cabello, suspiró y subió pasiblemente, recién entonces descubrió que habían estado esperando un colectivo en un paradero.
El vehículo se detuvo nuevamente y ambos bajaron, la chica caminó presurosa por calles mal cuidadas y bordeadas de pobres casas heterogéneas, hasta detenerse frente a la fachada de una. En ese momento se percató de que no tenía consigo su bolso y por ende tampoco la llave de su vivienda, eso le hizo llevarse las manos a la cabeza para reprenderse.
- ¿esa es tu casa? Entonces vendré viernes a las siete. sentenció mientras extendía la mano para entregarle la mochila que venía cargando desde la azotea. dile a tu padre que iras al baile con Iván, un amigo.
- Gracias susurró y se apresuró a tomarla, estaba sorprendida pues en ningún momento notó que había olvidado su bolso y menos que el chico extraño lo tenía consigo. soy Clarisa Fuentes.
continuara...
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