luz
Poeta que considera el portal su segunda casa
[center:55a36936a2]Anoche te recibí en mi lecho,
y te adueñaste de mi cuerpo,
sin freno, sin ninguna condición;
explorando sin pausa, con paciencia,
llevándome de la ternura, a la pasión.
Los gemidos y el canto de los grillos,
confundidos en una sola melodía;
y en la memoria el restallar
de las olas golpeando las rocas.
Recorrimos palmo a palmo,
los senderos de los cuerpos,
vibramos enardecidos, gozosos,
fundidos en esa entrega sin temor.
Te quiero, te amo, decíamos;
concierto de palabras,
éxtasis de sensaciones,
deseo y culminación.
Labios sabios, los tuyos,
exploraron lo más íntimo de mí;
boca anhelante, la mía,
bebió de tí con desesperación.
Me llevaste a gritar tu nombre.
Te guié hasta susurrar el mío.
Hasta el borde mismo de la demencia,
¿cuántas veces nos entregamos
en nuestra loca noche de amor?[/center:55a36936a2]
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y te adueñaste de mi cuerpo,
sin freno, sin ninguna condición;
explorando sin pausa, con paciencia,
llevándome de la ternura, a la pasión.
Los gemidos y el canto de los grillos,
confundidos en una sola melodía;
y en la memoria el restallar
de las olas golpeando las rocas.
Recorrimos palmo a palmo,
los senderos de los cuerpos,
vibramos enardecidos, gozosos,
fundidos en esa entrega sin temor.
Te quiero, te amo, decíamos;
concierto de palabras,
éxtasis de sensaciones,
deseo y culminación.
Labios sabios, los tuyos,
exploraron lo más íntimo de mí;
boca anhelante, la mía,
bebió de tí con desesperación.
Me llevaste a gritar tu nombre.
Te guié hasta susurrar el mío.
Hasta el borde mismo de la demencia,
¿cuántas veces nos entregamos
en nuestra loca noche de amor?[/center:55a36936a2]
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