Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Abrazan las tapias
el mañana efímero
de luz y nubes,
de soles tibios.
Cercan los juncos
el lago oscuro,
lago de aguas
que cubren pueblos
de leyenda
y repica una campana
en lo alto
de un castaño centenario.
Trémulas aves vuelan
sin decidir posarse
y llenan con sus gritos
el aire, rotos en espasmos
los silencios del paisaje.
Mis huesos quieren
ser madera de arce
y mis manos
ramas de acacia
o de tilo, con dedos
que son hojas de abedul.
Tal vez así perdure.
Futuro azul.
Materia aprovechada.
Fulgor de fuego
de San Telmo.
Estrella que recibe
la mañana.
el mañana efímero
de luz y nubes,
de soles tibios.
Cercan los juncos
el lago oscuro,
lago de aguas
que cubren pueblos
de leyenda
y repica una campana
en lo alto
de un castaño centenario.
Trémulas aves vuelan
sin decidir posarse
y llenan con sus gritos
el aire, rotos en espasmos
los silencios del paisaje.
Mis huesos quieren
ser madera de arce
y mis manos
ramas de acacia
o de tilo, con dedos
que son hojas de abedul.
Tal vez así perdure.
Futuro azul.
Materia aprovechada.
Fulgor de fuego
de San Telmo.
Estrella que recibe
la mañana.