Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Sabes cómo se llaman los Ángeles que tienen ojos en las alas Abuelo? Pregunto, sin esperar respuesta.
-serafín- dijo con un hilo de voz y continuo…
Ellos
Gritaron antes de que tuvieran labios.
Y se retorcieron antes
de siquiera sentirse el cuerpo.
Sus múltiples ojos parecían zurcidos
A la carne que conformaban las alas.
Y cada vez que se estremecían y gemían
Brotaba algún otro ojo.
Sus pestañas parecían garras sujetándose
tan fuertemente, como si de eso dependiera todo
Ojalá hubiera chorreado sangre,
pero en vez de eso, un líquido incandescente
y espeso parecían quemarle.
-Grotesco-
Un amasijo de alas estremeciéndose cada tanto.
Y después…
Al fin un rostro creado de pureza inconmensurable.
Una contradicción total, sin poder ver la luz con sus ojos humanos,
Y verlo todo con los ojos de las alas;
pero cada visión que les es concedida,
enardecen sus pupilas, hasta descolocarlas
Y podrirlas de conocimiento.
Los ojos cayendo finalmente a fragmentos
llenando la continuidad del tiempo
de ambivalencia y tempestad.
Justo entonces, miro a los ojos al abuelo, pero supo que su conciencia ya se había ido. Sus ojos vueltos otra vez al limbo.
-serafín- dijo con un hilo de voz y continuo…
Ellos
Gritaron antes de que tuvieran labios.
Y se retorcieron antes
de siquiera sentirse el cuerpo.
Sus múltiples ojos parecían zurcidos
A la carne que conformaban las alas.
Y cada vez que se estremecían y gemían
Brotaba algún otro ojo.
Sus pestañas parecían garras sujetándose
tan fuertemente, como si de eso dependiera todo
Ojalá hubiera chorreado sangre,
pero en vez de eso, un líquido incandescente
y espeso parecían quemarle.
-Grotesco-
Un amasijo de alas estremeciéndose cada tanto.
Y después…
Al fin un rostro creado de pureza inconmensurable.
Una contradicción total, sin poder ver la luz con sus ojos humanos,
Y verlo todo con los ojos de las alas;
pero cada visión que les es concedida,
enardecen sus pupilas, hasta descolocarlas
Y podrirlas de conocimiento.
Los ojos cayendo finalmente a fragmentos
llenando la continuidad del tiempo
de ambivalencia y tempestad.
Justo entonces, miro a los ojos al abuelo, pero supo que su conciencia ya se había ido. Sus ojos vueltos otra vez al limbo.