José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y ahora
serás hierbabuena en otra boca.
Como acento crispado en mi desdicha
suplicaré umbrío
desde el inoportuno hueso
de mi corazón regido
con el pulso de tu sangre
a tu imagen embalsamada en mis penados sentidos.
Alfombrearé con cardos el paso
de tu empeño presuroso de congelar mis días,
de fundar nuevos cimientos,
nidos de nuevos ramajes en suelos de Castilla.
Triste la empresa del soldado
coronado con espinas,
por dejarme retraído
deshumanizado en mis adentros
Que importan tantas erecciones indebidas,
tantas frutas prohibidas,
tanto jugar a los potros
con la ausencia de unas prisas pasajeras.
Tu nuevo nido
es la sombra del lecho de mi muerte.
Oh! Ángel encarnado en serpiente
acercame el veneno prohibido
del nuevo hombre-sustituto
que sacie mis ansias
de ídolo decaído.
Oh!
Oh!
Oh!
serás hierbabuena en otra boca.
Como acento crispado en mi desdicha
suplicaré umbrío
desde el inoportuno hueso
de mi corazón regido
con el pulso de tu sangre
a tu imagen embalsamada en mis penados sentidos.
Alfombrearé con cardos el paso
de tu empeño presuroso de congelar mis días,
de fundar nuevos cimientos,
nidos de nuevos ramajes en suelos de Castilla.
Triste la empresa del soldado
coronado con espinas,
por dejarme retraído
deshumanizado en mis adentros
Que importan tantas erecciones indebidas,
tantas frutas prohibidas,
tanto jugar a los potros
con la ausencia de unas prisas pasajeras.
Tu nuevo nido
es la sombra del lecho de mi muerte.
Oh! Ángel encarnado en serpiente
acercame el veneno prohibido
del nuevo hombre-sustituto
que sacie mis ansias
de ídolo decaído.
Oh!
Oh!
Oh!