en algún sitio he leído que el 60% de los «neologismos» de Dante se incorporaron al italiano habitual; no tuvo la misma suerte Góngora...
Permíteme un comentario sobre esto, que no es sino uno de los muchos mitos sobre el gongorismo que, aunque ya fueron desmentidos por la filología hace un siglo, todavía siguen circulando.
En realidad los neologismos imputables a Góngora son muy pocos. Prácticamente todos ya estaban incorporados a la poesía culta cuando él llega. No son, por tanto, neologismos como pudieron serlo con Dante. Eso sí, su influencia más allá de la poesía y su incorporación a la lengua común y, consecuentemente, a los diccionarios sí debe mucho a la importancia del cordobés. Aunque largos, merece la pena poner dos fragmentos de Dámaso Alonso a propósito de este tema:
El cultismo poétio es, pues, un fenómeno que abarca por lo corto tres siglos, y no es, ni mucho menos, Góngora quien se distingue por exagerar las extravagancias. Góngora, aquí como siempre, está en el extremo del desarrollo de la línea renacentista. Tiene ésta un momento inicial de complicación y rebuscamiento pueril. Tras los cultismos de un Mena adivinamos una indigestión de cultura antigua mal asimilada. Al llegar a Garcilaso, todo recargamiento desaparece, y los elementos cultos quedan perfectamente asimilados y repartidos por la elegantísima estructura de su endecasílabo. Este lenguaje culto de Garcilaso está ya reforzado y exagerado en la segundo metad del siglo entre los sevillanos, con Herrera a la cabeza, y los antequerano-granadinos. Este es el punto de arranque de Góngora, el cual, durante toda su vida, va aumentando los elementos cultos de su léxico, hasta que, repetidos estos cultismos dentro de un poema de 2.000 versos (las Soledades), llegan a producir una impresión inmediata de rebuscamiento y recargamiento cultista (porque en él están, por decirlo así, condensados principalmentetodos los cultismos de la lengua gongorina anterior a este poema). De este modo, la indudablevejez del sistema gongorino llega a producir efectos semjantes a los de la infancia de la poesía renacentista.
Pêro la lengua soporta ahora muy bien la prueba. Porque el español, en general, ha sufrido, claro está, del siglo XV al XVII un proceso paralelo al de la lengua poética. Y ahora el idioma ya no eliminará los cultismos gongorinos, y los transmitirá hasta nosotros.
(D. Alonso, La lengua poética de Góngora, en O. C. V, Gredos, Madrid 1978, pp. 92-93)
Falta considerar la importancia de para el idioma tuvoesta manera de ser de la lengua gongorina. Si Góngora hubiera sido un escritor normal, si no hubiera desencadenado a su alrededor las más vehementes admiraciones, y, sobre todo, si no hubieran dado sus contemporáneos en imitarle hasta la copia más servil, probablemente esta influencia habría sido nula. Pero el léxico de Góngora llena el vacío de originalidad de la mayor parte de los escritores del siglo XVII, y ni aun los verdaderamente originales se ven libres de él, más aún, se propaga hasta los más encarnizados enemigos del poeta, inunda la prosa, triunfa en la cátedra sagrada: de este modo, la lengua literaria del siglo XVII se sobresatura de cultismos, y cuando se retiran las aguas, cuando en el siglo XVIII cambia el gusto, el milagro está ya hecho: la lengua vulgar ha sufrido las infiltraciones del torrente erudito, y las palabras que escandalizaban a un Quevedo, han adquirido ya carta innegable de ciudadanía castellana. Así, Góngora actúa como un intermediario que colabora en la salvación del olvido de una buena parte del caudal culto del léxico del Renacimiento; él lo entrega a sus discípulos y admiradores, éstos lo popularizan, el vulgo lo acepta. Y por este procedimiento indirecto el Diccionario de la Lengua espalola, aun el más académico, debe no pequeña parte de su esplendor, no pequeño número de sus páginas, al antes proscrito poeta de las Soledades. (Ibid. 127-128).
Estos fragmentos pueden parecer algo injustificados o gratuitos, pero téngase en cuenta que no son más que las conclusiones de sendos capítulos de un minucioso estudio de unas doscientas páginas en total sobre diversos aspectos (no todos) del lenguaje de Góngora; estudio que contiene varias listas de cultismos con datos adjuntos como fecha de entrada en los diccionarios, empleo en otros autores, etc...; una verdadera base de datos que algún día me gustaría, por cierto, informatizar.
Recomiendo la lectura del estudio completo a cualquier lector interesado en el tema o a cualquiera que, en materia de gongorismo, desee pasar del mito al
logos.
Saludos.