Y sentados al borde de una nube
no vimos la tormenta formarse
imaginamos, que la luz
simplemente huía
y volvimos a ignorar.
El impacto fue tremendo
de las siete, se adueñó el destino.
Separados, sin suelos
con su mano coherente
como extraños nos juntó.
Olor a soledad
vibraciones en la piel
y una mirada intensa
de reconocimiento
por haber perdido todo
menos la sorpresa.
Setenta y dos horas después
seguía lloviendo
inundándonos de amor
enloquecía el corazón de a dos
tenía sabor, sabor…
a reencuentro.
no vimos la tormenta formarse
imaginamos, que la luz
simplemente huía
y volvimos a ignorar.
El impacto fue tremendo
de las siete, se adueñó el destino.
Separados, sin suelos
con su mano coherente
como extraños nos juntó.
Olor a soledad
vibraciones en la piel
y una mirada intensa
de reconocimiento
por haber perdido todo
menos la sorpresa.
Setenta y dos horas después
seguía lloviendo
inundándonos de amor
enloquecía el corazón de a dos
tenía sabor, sabor…
a reencuentro.
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