mariano dupont
Poeta fiel al portal
¡ SEVILLA!
Van por tu camino flor de Sevilla
inquietas mariposas
de Córdoba y de Almería
con sus colores ampulosos
palpitantes como los besos
de las mujeres de Andalucía.
En las venas que riegan
la belleza de la pasión
y en los laberintos del amor
eras dulzura y sensualidad buena
flor de la nostalgia.
Y no pude arrojar al viento del olvido
el recuerdo de tus besos embrujados…
Era tan grande mi oscuridad
y eran tan tristes los celos.
En delirio de amores
entre gitanos y lunas
brillo tu ardor
andaluza garbosa
en noches bohemias
con luz y lagrimas
de estremecidas guitarras.
Flor bella,
hija del ensueño profundo de Sevilla
halagada por las coplas
y amada por los diestros.
Vibrando en tu alma se estremecía
el cante jondo flamenco
ay niña, que ni hubieras sido
La Malena de Jerez de la Frontera.
Era tan triste el olvido
y estaba cerrado el jazmín.
Labios de vino fino y de sangre
andaluza de renegrida melena.
Ay Santa Margarita de Linares
con Manuel Rodríguez en el ruedo
y la verónica y la manoletina
sobre alas del capote
en su danza por la arena.
Ay bailoara con sangre mora
y gitana en tus venas.
Era triste la espera y los toros
bufaban en la pradera.
En la piel de tu alma buscaban
el amanecer y el ocaso
el calor de los rescoldos
que siempre guardaba
tu inflamada calidez.
El viento presuroso
con magia de los duendes
freno su vuelo
al oír tu lamento de partida.
¡Pero no tuvo tiempo
de curar tu cuerpo
invadido de muerte!.
Era tan triste la soledad y los caballos
galopaban contra el viento.
El aire te llevó con su soplo
volando con tropilla andaluza
de un solo pelo
por el curvo atajo del cielo
golpeando las nubes
con cascos de vieja estirpe
y poblando el ambiente
de palo santo
con castañuelas
de nervioso lamento.
Que vuelen al paraíso del amor
tus sentimientos, hermosa sevillana
junto con las mariposas de tu sensualidad
que bien allí han de estar.
Era tan penosa tu ausencia
y los mozos te arrojaban alelíes.
Que el infinito haga eterno tu canto
y lo lance a todos los rumbos
para que brille en el cielo
con el amor entero.
Yo pido desde el mundo
en que yace tu carne muerta
que los rayos de tu alma
le den luz a la mía,
desde la azul inmensidad.
Eran tan tristes los celos
pero los extraño
en la dulzura de tu recuerdo.
El corazón no olvida lo que la soledad evoca.
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Van por tu camino flor de Sevilla
inquietas mariposas
de Córdoba y de Almería
con sus colores ampulosos
palpitantes como los besos
de las mujeres de Andalucía.
En las venas que riegan
la belleza de la pasión
y en los laberintos del amor
eras dulzura y sensualidad buena
flor de la nostalgia.
Y no pude arrojar al viento del olvido
el recuerdo de tus besos embrujados…
Era tan grande mi oscuridad
y eran tan tristes los celos.
En delirio de amores
entre gitanos y lunas
brillo tu ardor
andaluza garbosa
en noches bohemias
con luz y lagrimas
de estremecidas guitarras.
Flor bella,
hija del ensueño profundo de Sevilla
halagada por las coplas
y amada por los diestros.
Vibrando en tu alma se estremecía
el cante jondo flamenco
ay niña, que ni hubieras sido
La Malena de Jerez de la Frontera.
Era tan triste el olvido
y estaba cerrado el jazmín.
Labios de vino fino y de sangre
andaluza de renegrida melena.
Ay Santa Margarita de Linares
con Manuel Rodríguez en el ruedo
y la verónica y la manoletina
sobre alas del capote
en su danza por la arena.
Ay bailoara con sangre mora
y gitana en tus venas.
Era triste la espera y los toros
bufaban en la pradera.
En la piel de tu alma buscaban
el amanecer y el ocaso
el calor de los rescoldos
que siempre guardaba
tu inflamada calidez.
El viento presuroso
con magia de los duendes
freno su vuelo
al oír tu lamento de partida.
¡Pero no tuvo tiempo
de curar tu cuerpo
invadido de muerte!.
Era tan triste la soledad y los caballos
galopaban contra el viento.
El aire te llevó con su soplo
volando con tropilla andaluza
de un solo pelo
por el curvo atajo del cielo
golpeando las nubes
con cascos de vieja estirpe
y poblando el ambiente
de palo santo
con castañuelas
de nervioso lamento.
Que vuelen al paraíso del amor
tus sentimientos, hermosa sevillana
junto con las mariposas de tu sensualidad
que bien allí han de estar.
Era tan penosa tu ausencia
y los mozos te arrojaban alelíes.
Que el infinito haga eterno tu canto
y lo lance a todos los rumbos
para que brille en el cielo
con el amor entero.
Yo pido desde el mundo
en que yace tu carne muerta
que los rayos de tu alma
le den luz a la mía,
desde la azul inmensidad.
Eran tan tristes los celos
pero los extraño
en la dulzura de tu recuerdo.
El corazón no olvida lo que la soledad evoca.
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