JAIME
Poeta adicto al portal
Sexo o Diazepán
Uno va y vuelve, ahí a la punta del cerro como si nada,
lo mandan y uno va, cabizbajo
pero va.
Qué se le dice a la Diosa, qué le reniega uno
que es un mortal atrapado, un salmón
volviendo al origen mismo del deseo, ansioso
de mirarla, de tocarla, degustarla
hasta lo más austral de su ser, qué
le dice uno a ella, a su esbeltez, a su
paupérrima palabra, a su terco afán
de dominatriz latigueante, qué.
El poseso es uno, ambicioso
del brevísimo segundo ese de sus ojos noctópatas,
para ser y más ser, para revenir
puberazo en el portento rugiente
del orgasmo, acicalarse
del abismo unos segundos.
Uno va y vuelve, ahí a la punta del cerro como si nada,
lo mandan y uno va, cabizbajo
pero va.
Qué se le dice a la Diosa, qué le reniega uno
que es un mortal atrapado, un salmón
volviendo al origen mismo del deseo, ansioso
de mirarla, de tocarla, degustarla
hasta lo más austral de su ser, qué
le dice uno a ella, a su esbeltez, a su
paupérrima palabra, a su terco afán
de dominatriz latigueante, qué.
El poseso es uno, ambicioso
del brevísimo segundo ese de sus ojos noctópatas,
para ser y más ser, para revenir
puberazo en el portento rugiente
del orgasmo, acicalarse
del abismo unos segundos.
:: Gracias... que bueno que te gustó, claro es un sentimiento fuerte, no de amor por lo demás, y menos sublime, a mi parecer es algo más carnal esto, más visceral, pero a la vez de un profundo malestar del seso, de inconformidad, de patetismo quiza. Diazepán para los huachos...
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