
Tu mirada de ángel
Ebria la luz esplende el negro cáliz
y ansiosa busca el horizonte tenue
donde la brisa es la serpiente dócil
que roza al vuelo tu cabello nácar
y me retorna el brillo de tus iris
desde la estancia en que reposas ángel.
Cuando se vierte tu mirada de ángel
escancia amor con generoso cáliz
y al contemplarme soñadores iris
en mí despiertan la ternura tenue
dos luces verdes en el níveo nácar
como los ojos de la amante dócil.
Para mirarme en tu pupila dócil
hurto la imagen nítida de un ángel
y al otro instante soy la flor de nácar
que abre en silencio su velado cáliz
para encender con su destello tenue
el escondido anhelo de tus iris.
Lograr tu amor merece el arco iris
trayendo el oro del crisol —que dócil—
desde sus fuentes tras la lluvia tenue,
yo te traeré donde me esperas ángel
para ofrecértelo en el áureo cáliz
por ver el premio de tu piel de nácar.
La noche herida por quinqués de nácar
llena de lumbre mis cansados Iris
mientras asoma el silencioso cáliz
entre las sombras —con su porte dócil—
siento el sereno palpitar de un ángel
que cubre con amor mi sombra tenue.
Se escucha entonces el acorde tenue
en tu guitarra de impoluto nácar
tañendo notas con tus manos de ángel
bajo las luces de esmeraldas iris
con cada síncopa muriendo dócil
entre las rojas sedas de tu cáliz.
Y dócil quedará durmiendo el iris,
mientras el ángel servirá ese cáliz
con mieles mágicas de tenue nácar.
Ligia Calderón Romero
Eduardo León de la Barra
Abril 2014
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