Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Si tienes vestigios,
si te quedan recuerdos,
si llegas al final de un camino y te acuerdas,
si algun día lo sabes,
cuéntame por qué te fuiste,
por qué el recuerdo de tu voz se quedó conmigo, cuando las mañanas te miraban,
y yo esperaba que volvieras,
desde donde no te fuiste nunca,
desde la nuca a los pies,
desde el fondo de los días,
al final de caminos nocturnos, voces diurnas, cimas, valles,
desde el oscuro lugar de aquellos que saben y no me dijeron nada,
escondiendo las razones en bolsillos repletos de lápices que no escribieron,
que encendieron palabras cuando conversaron,
cuando entablaron conversaciones inertes,
con el frío lejano del invieno que se acerca,
que nos llena de cerca con sus quejidos temblorosos,
con los niños helados de noche,
con tus ojos mirándome con preguntas que nunca hice,
que no rehice ni dije,
ese día vendrán a vernos las preguntas que nadie contesta,
que rompen en olas de alerta,
en lágrimas de dolor en estómagos de todos los dolientes,
ese día avísame,
dime, explícame,
y si no estoy,
la puerta está entreabierta,
porque fuí a comprar cualquier cosa, esperando que llegaras,
que te encerraras en mi vida,
y no te fueras jamás.
si te quedan recuerdos,
si llegas al final de un camino y te acuerdas,
si algun día lo sabes,
cuéntame por qué te fuiste,
por qué el recuerdo de tu voz se quedó conmigo, cuando las mañanas te miraban,
y yo esperaba que volvieras,
desde donde no te fuiste nunca,
desde la nuca a los pies,
desde el fondo de los días,
al final de caminos nocturnos, voces diurnas, cimas, valles,
desde el oscuro lugar de aquellos que saben y no me dijeron nada,
escondiendo las razones en bolsillos repletos de lápices que no escribieron,
que encendieron palabras cuando conversaron,
cuando entablaron conversaciones inertes,
con el frío lejano del invieno que se acerca,
que nos llena de cerca con sus quejidos temblorosos,
con los niños helados de noche,
con tus ojos mirándome con preguntas que nunca hice,
que no rehice ni dije,
ese día vendrán a vernos las preguntas que nadie contesta,
que rompen en olas de alerta,
en lágrimas de dolor en estómagos de todos los dolientes,
ese día avísame,
dime, explícame,
y si no estoy,
la puerta está entreabierta,
porque fuí a comprar cualquier cosa, esperando que llegaras,
que te encerraras en mi vida,
y no te fueras jamás.